Discurso de Miguel Enrique Otero en el Aula Magna por los 230 años de la ULA

“Honorable Mario Bonucci, rector de la Universidad de Los Andes; honorable Patricia Rosenzweig, vicerrectora académica; honorable Manuel Aranguren, vicerrector Administrativo; honorable José María Andérez, Secretario; respetables profesores, estudiantes, trabajadores de la Universidad de Los Andes; amigas y amigos que hoy nos acompañan en este significativo aniversario.

Difícilmente podría recapitular ante ustedes, la diversidad de propósitos y la cantidad de veces que he estado en Mérida en las últimas tres décadas, atraído o invitado por la Universidad de Los Andes. En este específico lugar he estado en numerosas ocasiones, pero nunca antes con la responsabilidad, el honor y el valor que tiene para mí, la invitación que me han formulado, y que me permite participar en la ceremonia con la que esta magnífica universidad celebra 230 años de historia, y que como advierte la letra de vuestro himno, establece como el mayor de sus sentidos, propagar el conocimiento como la vía legítima hacia la conquista de la libertad.

Tiene la Universidad de Los Andes un fundado argumento, una poderosa razón para exhibir como uno de sus laureles indiscutibles: aquí y ahora, en este 2015, en un adverso momento para los ciudadanos amantes de la libertad, esta casa es y ha sido una de las instituciones venezolanas que ha mostrado, afrontando las más difíciles pruebas, una admirable capacidad para resistir los embates y mostrar sin complejos su talante democrático.

Entre las muchas cosas que nos diferencian de 1785, el año en que se fundó la institución que derivaría en la Universidad de Los Andes, debo mencionar el estado de ánimo que predominaba en Occidente. Difícilmente podríamos imaginar hoy, desde la atmósfera de incertidumbre y crisis que recorre el planeta, el horizonte de entonces, ocupado por la idea de que el conocimiento debía conducir a la civilización a nuevos estadios y logros para la vida humana.

No solo estaban en movimiento las fuerzas sociales y políticas que muy pronto derivarían en la Revolución Francesa, que a pesar de su sangrienta ejecutoria, cambió el estatuto de las consignas y aspiraciones de la Humanidad para siempre. Por toda Europa y también en Estados Unidos, había decenas y decenas de científicos produciendo conocimiento de todo tipo. En muchos países había hombres ilustres y disciplinados que viajaban, observaban y recopilaban datos sobre los hechos que les apasionaban. En aquellos años la ciencia se ocupaba de acopiar y clasificar. Carlos Linneo, el padre fundador de la taxonomía, había muerto apenas siete años antes, en 1778, pero su influencia se mantenía poderosa entre los hombres de ciencia. El afán clasificatorio se imponía entre aquellos que se llamaban a sí mismos, hombres de ciencia.

En Europa y Estados Unidos, 1785 fue un año de publicaciones prodigiosas, hijas de esa voluntad taxonómica: tratados dedicados a las aves, a los flores, a las setas y hongos, a los felinos conocidos entonces, a los roedores capturados en México, a las enfermedades de la piel, a los instrumentos de viento de Asia, a las embarcaciones antiguas. Justo ese 1785 es el año en que Franz Joseph Gall, anatomista y creador de la llamada frenología, inició su sorprendente colección de cráneos, fragmentos corporales, órganos humanos, animales de todas las especies conocidas así como de niños nacidos con deformidades, que llegaría a reunir más de 50 mil piezas, varias miles de ellas sumergidas en grandes frascos de alcohol, convencido, como en efecto ocurrió, que todo aquello que hoy nos luce como un caso al límite de lo razonable, haría posible acrecentar el conocimiento acumulado hacia el final del siglo XVIII.

Y no solo había hombres que confiaban en el conocimiento: también los había que promovían los hábitos, legalizados o no, de lo que entonces ya se conocía como Periodismo. Justo en 1785 nace The Daily Universal Register, que en pocos años cambiaría su nombre alThe Times, en Londres, que además de constituir la aparición en el mundo de un gran diario, patentó el surgimiento de un campo editorial asociado a la economía, a las empresas y a la idea de que la libre difusión de la información era indisociable de los libres intercambios económicos.

Más que un simple nacimiento, The Times fue una irrupción que había sino precedida por decenas y decenas de gacetas, impresos y hojas informativas, numerosas y efímeras, que pululaban no solo en Londres, Birmingham y Liverpool, sino también en París, Marsella, Hamburgo, Amsterdam, Dresde y en tantas otras ciudades, porque en Europa se movía un doble espíritu, los dos rostros de una misma necesidad, que eran los de propagar y recibir información de toda índole, en un momento donde las fuerzas económicas de desplazaban de un lugar a otro con una facilidad y un ímpetu que hoy nos resulta simplemente admirable.

1785 es un hito en la historia de la libertad de expresión, por el efecto contagio que The Times produjo en Europa, y que muy pronto irradió hacia algunos puntos de Estados Unidos. No tardaron en surgir otras iniciativas, especialmente en regiones de Italia, Francia, Alemania y la propia Inglaterra, países en los que se produjo una suerte de explosión editorial de la política, que estableció las bases, tanto del periodismo como lo conocemos hoy, como de la idea de libertad de expresión, entendida como la instauración de un espacio público donde predominan la pluralidad y los debates de ideas distintas o contrapuestas.

La historia de lo ocurrido con esas fuerzas, a lo largo de 230 años, no podría resumirse con facilidad, porque es una secuencia de vaivenes, ascensos y declives, avances y distracciones, cuyo resultado, en el caso de la libertad de expresión, es una complejísima situación, quizás en cierto modo semejante a algunas de las enrevesadas problemáticas de las universidades en el mundo de hoy, que más que el resultado de la tensión entre libertad y censura, entre apertura y cierre o entre presencia o ausencia, que sin duda es una de las dificultades existentes, está afectada, de forma estructural, por una cuestión de signo radicalmente distinto: me refiero a una crisis generada por el exceso, por el crecimiento desmesurado e incontrolado de afirmaciones, documentos, mensajes, datos, discursos, emisores, propagandas, noticias, hipótesis e imágenes, cuya simple cuantía y clasificación, como hubiesen querido los científicos de finales del siglo XVIII, es simplemente imposible.

La debacle de la expresión en Venezuela, pero también en muchas otras partes del mundo, no se dirime estrictamente o únicamente en la lucha entre libertad y censura, entre lo posible y lo permitido, entre coraje y autocensura, sino en el caudal, en la desproporción evidente y cada día más acusada entre la abrumadora y recurrente cantidad de mentiras y la escueta cantidad de verdades que circulan en la esfera pública.

Hay, como han advertido los expertos, una presencia desigual, asimétrica, entre el torrencial de mentiras, enunciados ambiguos, medias verdades, afirmaciones parciales, falsedades, distorsiones sin escrúpulos, y el arrinconamiento, a niveles alarmantes, de la verdad, entendiendo como la verdad, la correspondencia básica y necesaria entre los hechos y el modo en que hablamos y escribimos de ellos.

El pensamiento nihilista, cuya influencia ha ido creciendo a lo largo de los siglos XVIII y XIX, ha dejado una honda secuela entre nosotros: un descreimiento generalizado; una indiferencia que alcanza incluso a las realidades más evidentes; una forma de pensar las cosas que se reduce a la frase de que no podemos creer en nada, que solo los ingenuos y los fanáticos se atreven a creer en las noticias, en las interpretaciones, en los mensajes que nos provee el mundo que nos rodea.

Ese nihilismo ambiental, extendido a todos los planos de nuestras vidas, es terreno propicio para los propagadores de mentiras, especialmente si ellos se han apropiado del poder. A partir de la idea de que todo es relativo, cuestionable, improbable o dudoso, las mentiras sobre el estado de las cosas, los acontecimientos, las intenciones, las emociones y el lenguaje con que nos referimos a la realidad, antes de ser pronunciadas, ya cuentan con una disposición a su favor. Quien recusa la verdad  la manipula ha sido antecedido por una atmósfera que proclama que nada es verdad.

La libertad de expresión, y todavía de forma más específica, el derecho a la información, se encuentran en nuestro tiempo amenazados por la demanda implícita en toda verdad, que es la demanda de la complejidad. La condición posmoderna, que aúpa lo superficial, lo instantáneo, lo efímero, lo fácil, lo remplazable, lo novedoso y lo inmediato, es terreno sembrado para la imprecisión, la distorsión, las afirmaciones a medias, lo fragmentario, la simplificación, el énfasis en unas parcialidades y el menoscabo de otras.

La práctica de la mentira, y esto es algo que les compete a cada uno de ustedes, no solo pasa por encima de la verdad, sino que destruye el conocimiento. Las estructuras de la mentira, como las que ha desarrollado el régimen de Chávez y Maduro, practican el más deleznable de los abusos, que consiste en aprovechar el desconocimiento o la ignorancia de las personas, para imponer falsedades como verdades, que le resultan útiles para su único objetivo, que es permanecer en el poder al costo que sea.

Cuando todo el Estado se articula para dejar atrás su razón de ser y las funciones que le son inherentes, y se reestructura con el objetivo de consagrarse a mentir y con ello se especializa en propagar una realidad irreal, un país desrealizado, la sociedad comienza a correr graves riesgos. Se establece una secuencia que va de la simplificación a la distorsión de la realidad; de la distorsión a la promoción de la polarización, porque la polarización genera sectores fanáticos que creen en la existencia de lo inexistente; y de la polarización se entra en la fase siguiente, que es la etapa que ya hemos comenzado a transitar en Venezuela, que es la de la descalificación de todo ciudadano que insiste en ver y denunciar la realidad,  para así dar un paso más hacia el siguiente estado: el de la deshumanización de las personas, convertidos en objetos, en piezas sin valor, en elementos también imaginarios, integrados a esas realidades inventadas que el poder produce de forma incesante, puesto que su única misión consiste en pulverizar los hechos y hacer que desaparezcan bajo la promoción de las realidades que proyecta el régimen totalitario.

La escena que he intentado describir ante ustedes, no es exclusiva del ejercicio de la comunicación y del periodismo. El descrédito de lo real; el cinismo ante la adversidad y los padecimientos de los demás; el pragmatismo ante los excesos del poder, incluso sus cada vez más frecuentes ataques de furia; las innumerables modalidades y disfraces con que el nihilismo penetra hasta los resquicios menos visibles; la indiferencia o la falta de trato o, lo que es todavía más alarmante, la delegación de los asuntos públicos; la expansión de actitudes anti-políticas, anti-culturales, anti-académicas o anti-intelectuales; el comercio y voceo sin límite de lo infundado; las falsas guerras que inventan unos supuestos estrategas: todo ello constituye la cancha amplia, el reglamento en uso de las guerras verdaderas que son la destrucción de la cotidianidad, convertida ahora en cerco y asedio permanente, a cada institución, a cada centro de trabajo, a cada comunidad, a cada familia y a cada ciudadano, de la condición que sea.

Se nos persigue, se nos acosa, se nos amenaza, se nos excluye, se nos lista, se nos detiene, se nos tortura o se nos mata, para que no se pronuncie el dolor, para evitar que, dentro y fuera de nuestro país, no se escuche la protesta, el grito, las voces que resisten, tanto al poder siniestro como a la indiferencia cómplice. Ahora mismo, un importante sector de la sociedad se mantiene en lucha, contra el régimen totalitario, contra el poder desproporcionado de las armas, pero también a pesar del costoso silencio de muchas de las víctimas.

Una parte del país, y ello incluye a la Universidad de Los Andes y a otras universidades nacionales, así como a un puñado de medios de comunicación, con El Nacional como uno de sus factores emblemáticos, ha decidido que no entregará ni el país, ni rendirá sus convicciones democráticas, ni dejará de hacer los esfuerzos, imperativos para el espíritu demócrata, por restituir la verdad o una parte significativa de la verdad, hasta derrotar el avance de la mentira, la expansión ya insostenible de un régimen que no tiene otro propósito distinto al de generar más y más falsedades.

No se trata de un planteamiento moral: en todo caso, tiene un carácter político-moral, es decir, se trata de una apelación a la responsabilidad que cada quien tiene en relación consigo mismo, con su familia, con su institución y con el país. Les toca a ustedes, le toca a El Nacional, me toca a mí, y sé que no estamos solos sino que nos acompañan millones de personas en todas las regiones Venezuela, cada quien contribuyendo con un acción, con su trabajo, con su hacer específico, para derrotar al mal político que se ha pretendido destruir nuestras libertades y apropiarse de nuestras vidas y de nuestros sueños.

“No fuera sino por mirar con respeto el sacrificio de los estudiantes, sus denodadas luchas, su valentía ejemplar, estamos ante un reto que es, en esencia, una obligación cívica que trasciende lo puramente universitario para convertirse en desafío nacional”.

Cierro con esto: Estamos cada día más cerca de vencer al régimen de las mentiras. Pueden estar seguros de eso”.

ULA: Proyecto 2030

Orlando Albornóz

Universidad Central de Venezuela

 

La universidad es, por su propia naturaleza, una institución  competitiva, en el plano de lo intelectual y lo académico. Por fuerza de necesidad la ULA es una universidad competitiva, en relación a las instituciones de educación superior de la zona natural de influencia, con las otras instituciones en el resto del país y con las del espacio internacional.

La ULA compite en varios renglones: producción, consumo, distribución y evaluación y planificación, todo ello del conocimiento, de las abstracciones del pensamiento, del mundo de las ideas, porque no debe confundirse la organización académica en sí, de las profesiones en las cuales la ULA entrena a sus estudiantes, con el hecho  de que maneja conocimiento al margen de las carreras, que no son sino organizaciones para un fin especifico, que puede variar, mientras que la circulación del conocimiento es lo permanente. Es la antigua distinción según la cual la universidad forma personas y entrena recursos, dos procedimientos distintos.

Para esos fines la ULA tiene que orientar la actividad de sus miembros al margen de los deseos personales e individuales y tiene que operar como una maquinaria, en conjunto. Cierto es que el trabajo académico se ha visto como una actividad ’autónoma’ cuando tiene que ser parte de una propuesta y objetivo común, colectivo. Si se examina el desempeño de cada miembro del personal de la ULA es probable que se observe un exagerado ámbito de individualismo, sin coordinarse las actividades, según lo que la ULA vea como su responsabilidad institucional.

Me refiero, entonces, a cómo la ULA podrá tener éxito si logra establecer sus objetivos  a través de dos planos operativos: un Master Plan y un Proyecto General de Planificación Estratégica. Por supuesto, la ULA está organizada según principios ya en necesidad de transformación, originados en 1958, cuando debe estar pensando en cómo debe ser la ULA en el 2030. Eso es parte del problema, pero de momento no cabe enfrascarse en el mismo.

Me propongo contribuir con al ULA, organizando ambos documentos, cotejándolos con lo que hacen universidades de distinto nivel de desarrollo, en USA y en Europa. En Europa, tanto en universidades como la de Barcelona, en Cataluña, que enfrenta problemas de la universidad en el imperio del nacionalismo o las universidades francesas que tienen que elevar su competitividad, como es el caso de la Universidad de Grenoble o el caso de la universidad alemana como la Humboldt, pues este país está en necesidad de mantener la ruta del crecimiento y del liderazgo europeo.

Naturalmente, en estos términos la ULA tiene que asumir el liderazgo, no como universidad sino que debe organizar un Espacio Académico Integrado, zona de los Andes (ESPACI), que agrupe todas las instituciones escolares de la zona de influencia de la ULA en un sólo objetivo. Me tomo la licencia de repetir mi argumento: Cada universidad con ambición lo hace de ese modo, bien por ejemplo la Universidad catalana de Barcelona, la canadiense de Quebec –ambas solventando problemas de una visión nacionalista que puede ser un detonante para el fanatismo o un instrumento para la liberación intelectual y académica; la citada Universidad de Grenoble o la de Lyon, en Francia, centros de innovación que solo despiertan admiración o estudiar lo que están haciendo en Berlín, tanto la Humboldt como la Libre, para integrar la producción de conocimientos y multiplicar su utilidad. O el mismo caso del MIT, en USA, una institución dirigida por el Dr. Rafael Reif, un venezolano cuya contribución a la academia mundial es digna de orgullo venezolano.

La ULA, para llegar con éxito al año 2030 en condición competitiva y ser una de las mejores universidades del mundo, entre las primeras 400 del planeta, o haber descendido en la vorágine de la mediocridad, una opción terrible en sus consecuencias. Para ello tiene que dejar ser una ULA individualizada y personalizada para acometer el problema del conocimiento como una maquinaria, que actúe como una orquesta sinfónica, que seria y responsablemente –sin caer en las vulgaridades de ‘tocar’ mambo para complacer a la galería o a la gallera, mejor dicho- interprete el llamado intelectual y académico de nuestro tiempo. La ULA debe compararse con el resto de sus instituciones pares, para rescatar lo mejor y lo mas útil que se hace actualmente en el mundo, y proceder a visualizar conceptualmente su futuro más allá de las circunstancias del día a día.

Comunicado ULA en respaldo al IVIC

REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

UNIVERSIDAD DE LOS ANDES

CONSEJO UNIVERSITARIO

 

A LA OPINIÓN PÚBLICA NACIONAL E INTERNACIONAL

El Consejo Universitario de la Universidad de los Andes, en uso de sus atribuciones legales einterpretando el sentimiento de la Comunidad Universitaria, se dirige a la opinión pública nacional e internacional,

Considerando

Que el día 18 de noviembre de 2014 fue aprobado, en primera discusión, por la Asamblea Nacional, un Proyecto de Ley de Reforma del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), para refundarlo como Instituto Venezolano de Ciencia, Tecnología e Innovación (IVECIT).

Considerando

  1. Que en el mencionado Proyecto no se propone reformar la Ley del IVIC sino que contiene una disposición que deroga dicha Ley y, en consecuencia, elimina el Instituto establecido legalmente.
  2. Que el proyecto de liquidación del IVIC, denominado de reforma fue aprobado en primera discusión prescindiendo de lo previsto en el marco legal vigente, sin consultar a la comunidad científica (ni siquiera a la directiva del IVIC), establece como objetivo la construcción del modelo socialista, modelo económico social contrario al definido en nuestra carta magna y que fue negada su incorporación en el referéndum del año 2007.
  3. Que el Proyecto desconoce la gran cantidad de estudios (más de 300)  que realiza el IVIC que tienen un fin social, como se evidencia en el uso que hace la comunidad en general y el beneficio que ello implica para el país.

 

  1. Que es de interés nacional preservar la tecnología artesanal y el deber del Estado de promoverla, sin menoscabar la obligación de promover e impulsar el desarrollo de la investigación del más alto nivel, dado que resulta ilusorio pensar que los grandes problemas del país en el siglo XXI, pleno de avances impresionantes en Física, Electrónica, Informática, Química, Genética y Biología Molecular entre otras disciplinas, tengan soluciones artesanales.

 

  1. Que la Asamblea de Investigadores del IVIC, al señalar que el mencionado proyecto, al intentar destruir ese Centro del Saber, ocasiona un daño inconmensurable a los intereses de la República Bolivariana de Venezuela.

 

  1. Que la Universidad de Los Andes ha mantenido, por décadas, excelentes relaciones de trabajo académico con el IVIC, mediante la formación de nuestros investigadores, proyectos conjuntos de investigación, desarrollo de tesis de pre y postgrado, constituyéndose en un aliado estratégico en nuestro quehacer universitario.

 

Acuerda

 

  1. Dar nuestro pleno respaldo a los Investigadores y trabajadores del IVIC en este aciago momento y solidarizarnos con los enunciados emitidos por la Asamblea de Investigadores del IVIC en su documento de fecha 21 de noviembre de 2014.
  2. Apoyar plenamente y sin reparo alguno, la solicitud del retiro de dicho proyecto en las siguientes deliberaciones de la Asamblea Nacional, y unirnos solidariamente a la convocatoria de una amplia discusión de la Reforma de la Ley vigente, promovida por la Asamblea de Investigadores del IVIC.
  3. Hacer un llamado a nuestros colegas de otras instituciones, nacionales e internacionales, para que se pronuncien a la mayor brevedad posible sobre este tema de gran importancia y trascendencia para el país.

Dado, firmado y sellado, en el salón de sesiones del Consejo Universitario de la Universidad de Los Andes, en la ciudad de Mérida, a los ocho días del mes de diciembre del año dos mil catorce.

El presente comunicado fue aprobado con el voto salvado del Profesor José Rafael Luna, Decano de la Facultad de Farmacia y Bioanálisis, “Salvo el voto por considerar que si bien es cierto que el proyecto de Reforma del IVIC es perfectible un remitido que trata a los conocimientos ancestrales y culturales de manera peyorativa y mencione y afirme que se busca destruir a ese centro del saber ocasionando un daño a los intereses de la República es un remitido sesgado y pretende excluir a la Nación de conocer y exigir la necesaria responsabilidad y pertinencia de la ciencia que allí se hace. Es el artículo 110 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que declara el interés público de la ciencia por lo tanto debe corresponder al Estado crear las condiciones para que la actividad científica no esté desvinculada de la problemática nacional, no puede prevalecer el cientificismo individual sobre la ciencia necesaria y creer que la ciencia es neutra aislándola  de su necesario contexto político es una ficción.” (Fdo). Ilegible.

 

Mario Bonucci Rosinni                                         José María Andérez Álvarez

Rector                                                                     Secretario

55 Aniversario de la Escuela de Educación

Humberto Ruíz

 

La próxima semana se conmemora el 55 aniversario de la Escuela de Educación de la ULA fundada en 1959 y perteneciente a la Facultad de Humanidades.

La añosa Escuela de Humanidades, inspiración de Américo Castro  y Mariano Picón Salas, durante la gestión rectoral de Joaquín Mármol Luzardo,  fue establecida en  junio de 1955.

Ramón Rivas Aguilar ha mostrado la inquietud que animó los inicios de la Escuela, ahora Facultad de Humanidades, tal como quedó plasmado en el decreto de fundación que indicaba:

“Se crea la Escuela de Humanidades, dependiente de la Facultad de Derecho de esta Universidad, la cual tendrá por objeto principal formar profesionales en las ramas de la Filosofía, la Historia, la Literatura y la Filología, a la vez que procurará integrar con un fundamento cultural amplio y racional los estudios profesionales que se siguen en las distintas Escuelas Universitarias.”

Pero, si bien ese espíritu humanista animó tempranamente a la Facultad de Humanidades, la incorporación de la Escuela de Educación a la Facultad y las demandas sociales de docentes  para bachillerato y para la escuela primaria, hizo que creciera en importancia la formación docente. Actualmente  la matrícula de educación representa el 59% del total de la matrícula de pregrado de dicha facultad.

En la celebración del 50 aniversario hace ya cinco años, la profesora Josefina Peña González, quien fuera estudiante de la primera promoción recordaba  que habían empezado ochenta y tres alumnos y sólo seis se habían graduado. Pero, desde ese primer grupo, mucho agua ha pasado bajo los puentes. El logro mas importante en nuestro criterio ha sido que la Escuela de Educación ha asumido un perfil de institución de formación docente en particular con la incorporación de las llamadas menciones científicas, el preescolar, la educación física y la básica integral y posteriormente algunas otras. Ese perfil docente ha incidido incluso en el resto de las escuelas de la Facultad y de la propia Universidad. De allí el establecimiento de las carreras de Educación, tanto en el Núcleo de Táchira como en el de Trujillo.

El próximo lunes 29 de septiembre se dará inicio a la Semana Aniversario de los 55 años de la Escuela de Educación y nos han invitado a dar unas palabras. El acto será  en la Cátedra Simón Bolívar de la Facultad de Humanidades y Educación, en el Núcleo Líria, a las 9:30 am. Por lo menos a algunos de nuestros fieles lectores, nos encantará contarlos en el público asistente.

Carlos Ramos: Nicolás y Calzadilla son los responsables de la integridad personal de huelguistas en la ULA

Carlos Ramos dijo que ha sostenido conversaciones con el sector universitario, y expresaron que “no descansarán en su lucha por conseguir sus reivindicaciones. El Gobierno se burla de las federaciones al modificar una convención que tenía el respaldo de todos los gremios desmontando los beneficios justos a los que aspiran”.

 

Como un “acto inhumano” calificó Carlos Ramos, diputado de la Asamblea Nacional, los hechos vandálicos que vienen emprendiendo  grupos violentos en contra de académicos y alumnos que llevan más de 30 días en huelga de hambre en el Rectorado de la Universidad de Los Andes (ULA). “Esos sujetos no tienen idea de la crisis universitaria que se vive tanto en la ciudad de Mérida como en el país”.

“Estos muchachos y los profesores exigen sus reivindicaciones. La mayoría de estos jóvenes son de escasos recursos económicos y el monto de sus becas son una falta de respeto, no les alcanza para pagar sus residencias, comprar libros para su preparación académica,  guías, proyectos que deben mostrar y así cumplir con los requerimientos de sus asignaturas, alimentarse cuando el comedor no funciona, son muchas necesidades, y el gobierno permanece impávido ante tal situación. Me pregunto, ¿Que pretende el Gobierno? ¿Acabar con las aspiraciones de nuestros estudiantes de alcanzar un título universitario que va a beneficiarlos no solo a ellos, sino al país?”, condenó Ramos.

“Aunado a esta situación”, continuó explicando, “están los proyectos de investigación que una universidad no puede detener porque eso limita el crecimiento de la ciudad y a la larga, del país; el material para la preparación de estudiantes y académicos; comedores que brinden mejor alimentación a nuestros muchachos; servicios de salud que cumpla con las exigencias de la comunidad universitaria; transporte; y muchos servicios básicos que animarían a todos los universitarios  a seguir trabajando”.

Ramos calificó de patética la respuesta del Gobierno Nacional ante lo que cree, es la solución a la problemática “que va más allá del paupérrimo salario de un profesor universitario”. Responsabilizó a Nicolás Maduro y al Ministro de Educación Superior, Pedro Calzadilla, de lo que ocurra a estudiantes y profesores que se mantienen en huelga de hambre en la Universidad de los Andes y en todas las universidades venezolanas; “pues su integridad personal quedará en la conciencia de las autoridades Nacionales que piensan que la lucha es de un grupo. Las acciones que llevan a cabo profesores, estudiantes y trabajadores de la ULA es por la defensa de la autonomía universitaria, presupuesto justo”,  y otras peticiones que Maduro no ha querido atender.

Ramos indicó que ulandinos no descansarán en su lucha por conseguir reivindicaciones justas
Ramos indicó que ulandinos no descansarán en su lucha por conseguir reivindicaciones justas

Por otro lado, el parlamentario sentenció que las Normas de Homologación no están vigentes, pues, según comunicado enviado recientemente por la Asociación Venezolana de Rectores (AVERU) al Ministro de Educación Universitaria; el ente encargado de asegurar el cumplimiento de la ley es el Consejo Nacional de Universidades (CNU) y los Consejos Universitarios  de cada institución de Educación Superior, cumpliendo las reglas del CNU; “ellos son los facultados” para direccionar la comunidad universitaria.

Continuó exponiendo, que el “artículo 109 reza, en una de sus partes, que “ el estado reconocerá la autonomía universitaria como principio y jerarquía que permite a los profesores, profesoras, estudiantes, estudiantas, egresados y egresadas de la comunidad dedicarse a la búsqueda del conocimiento a través de la investigación científica, humanística y tecnológica, para beneficio espiritual y material de la nación…”.  El diputado neotempista reflexionó diciendo, “entonces, las negociaciones de las supuestas federaciones  a espaldas de los verdaderos universitarios, van en contra de la contratación colectiva del sector universitario.  El pírrico aumento de salario a los profesores y peor, aún, el exiguo aumento a las becas de los estudiantes, es una falta de respeto a quienes forman jóvenes que luchan por una universidad justa, democrática, autentica”.

Comunicado de “La Tertulia” a la AVERU

Desde “La Tertulia” se remitió un documento a la Asociación Venezolana de Rectores Universitarios (AVERU) como una contribución de “La Tertulia” para el análisis del conflicto universitario.

Para descargarlo haz click en Comunicación para la AVERU