Pensar en Venezuela

Pompeyo Márquez

 

La cadena nacional mediante la cual Maduro informa sobre las complicaciones en la salud de Chávez, comienza a aclarar el panorama: los que gobiernan tendrán que admitir  la posibilidad que la gravedad presidencial conduzca a declarar la ausencia temporal y proceder de acuerdo a la Constitución que es explícita en situaciones como las que se viven.

Al lado de la comicidad que produce esa carrera de “adoración perpetua” entre Maduro y Diosdado se aprecia que estos personajes no saben lo que tienen entre manos y en lugar de proceder con racionalidad y llamar a un diálogo nacional se le “van los tapones” para decirlo popularmente.

Hay una mitad del país que ha sido respetuosa con el presidente y su gravedad. Pero no se puede decir lo mismo del oficialismo con respecto a ella. La toma de posesión de los gobernadores impuestos por el dedo todopoderoso ha servido de escenario para repetir agresiones, descalificaciones, burla a los presos políticos y exilados y ocultamiento, como lo demostró Marino González, de la situación social y económica del país. Insisten en la agresividad y en querer imponer un “plan socialista” contrario  a todo cuanto se hace en el resto del mundo que ha dado por terminada la polarización “socialismo”-“capitalismo” para buscar el perfeccionamiento de la democracia, mayor participación social, crecimiento económico con equidad, empleo y vivienda dignos, elecciones libres, entre otras grandes metas vinculadas a la democracia, a la libertad y a la justicia social.

En Venezuela están enfrentados el proyecto de país autocrático militarista y el democrático progresista. Exponer el país qué queremos, recobrar la libertad de acción de la mayoría de los venezolanos (incluimos a la mitad del país representado por la MUD y una franja del chavismo). Termina un ciclo y comienza otro. Debe concluir la acción de un Estado convertido en partido, es decir un gobierno convertido en partido sobre todo en las épocas electorales. ¡Qué sería del partido oficial sin los inmensos recursos del Estado puestos a su entera disposición!

Desarrollar un amplio movimiento de unidad alternativo frente a este despelote en que han convertido el país es la tarea más urgente para quienes pensamos en una Venezuela democrática con equidad y con la reconciliación de todos sus hijos. Esta es una afirmación definitoria de lo que queremos en esta hora.

Anuncios

Los responsables

Pompeyo Márquez

La vida (…) es más ancha que la Historia”

Gregorio Marañón

(Epígrafe de “El Hombre que amaba los Perros”. Novela del cubano  Leonardo PADURA)

El país debe conocer a los responsables de esta crisis política, económica y social que estamos viviendo. Hoy se percibe que debe haber unos responsables de haber lanzado a Chávez a una candidatura que exigía un esfuerzo que su salud no podía cumplir. El diseño original fue esencialmente mediático mediante las abusivas cadenas contempladas por las damas del  CNE.

Pero fue tan arrolladora la campaña realizada por Capriles, cuyo mensaje llegaba a los más apartados rincones del país, que obligaron a Chávez a salir de Miraflores y tener que participar en jornadas en algunas de las cuales corrieron rumores de que le habían surgido malestares. Aunque montado en una carroza y aún así fue sometido a un esfuerzo físico que hizo crisis el 8 de diciembre en plena campaña para la elección de gobernadores.

Aprovecharon el incidente para presentar la escogencia de los mandatarios regionales como”un regalo al enfermo” y la creación de un clima sentimental en amplias franjas del país que les diò resultados con el empleo, fundamentalmente, de la maquinaria estatal puestos todos los recursos  al servicio, primero de la candidatura presidencial y segundo de los gobernadores entre los cuales figuran once militares.

Consumados estos hechos nos encontramos ante una camarilla militar- civil que trata de perpetuarse en el poder a como dé lugar. Que desprecia a la opinión pública. Que no sabe que el oficio más difícil es el de gobernar,. Que siguen irrespetando a la mitad del país disidente, que han convertido a la Asamblea Nacional en un centro de fanatismo y de odios que aplasta toda posibilidad de debate y de investigación. Que mandan al cesto de la basura a la Constitución y tuercen sus interpretaciones de acuerdo a sus caprichos e intereses.

Vivimos en la práctica un estado de facto. No hay justicia, no hay a quien acudir  frente a las tropelías que cometen los gobernantes. Es aberrante la subordinación del poder judicial que debería ser la base de la legalidad. No hay Estado de Derecho. Y para colmo de los colmos utilizan el secretismo sobre la enfermedad del presidente que luce como secuestrado e n La Habana y en manos de los Castro, cuya injerencia en los asuntos venezolanos constituye una verdadera humillación para nuestra soberanía.

Venzuela está llena de rumores e incertidumbres ante la falta de información veraz sobre la salud de Chávez. Reclama saber qué va a pasar con su mandato y cómo se va a aplicar lo que establece la Cosntitución para estos casos de ausencia temporal o absoluta.

Rigoberto Lanz escribió en El Nacional (6/1/13) sobre las causas que provocan este estado de cosas y dice:

“”  Reitero la postura que  mucha gente honesta ha estado sosteniendo en el campo revolucionario aunque se ha perdido mucho tiempo  tal , vez no sea tare…” (para dar información veraz) Son tres situaciones unidas entre sí: información creible,  respeto a la Constitución  y señalamiento de los responsables de haber precipitado la gravedad presidencial.

Un frente nacional

Pompeyo Márquez

 

Este 23 de enero estamos convocados para manifestar nuestra firme decisión de hacer respetar la Constitución y conquistar la democracia, defender la soberanía, la pluralidad y comprometernos a la lucha contra la pobreza como manda hoy Naciones Unidas.

Este es un día importante en la historia contemporánea: se puso fin a una dictadura militar que se inició con el derrocamiento de Gallegos, elegido por vez primera en el siglo XX por  sufragio directo, universal y secreto. Fue un hermoso movimiento de unidad nacional que se formó aprendiendo de los fracasos a lo largo de diez años de resistencia clandestina. Fue cívico-militar.

El 23 de enero del 98 retumbó en todo el país el análisis premonitorio que presentó el historiador Castro Leiva en su discurso en el Congreso Nacional con motivo del 40 aniversario del rescate de la República Civil en 1958. Fue un canto a la democracia, a la unidad, a la defensa de los partidos a los que les pidió reformarse; contra el militarismo. Fue un grito para que la sociedad venezolana viera el peligro del caudillismo, del “gendarme necesario” y agregamos del culto a la personalidad. Vamos a citarlo in extenso:

“…aquí, sí, aquí, en esta tierra digo, para defendernos de nosotros mismos, aquí digo que es preciso defender el logro más importante de nuestra sociedad en ciento ochenta y ocho años de historia republicana: la idea y la práctica de «vivir en común», en paz, intentando hacer en una república una democracia. Aprendiendo a vivir mejor en un sistema político de partidos —sistema que está por redefinirse en sus bases, ideas y prácticas— en una democracia representativa, popular, como la que tenemos y que hasta ahora hemos preservado tan bien o mal como hemos podido.”

Hoy es imprescindible ampliar a la Mesa de la Unidad. La sociedad venezolana debe reaccionar, no sólo los partidos. Y así está sucediendo: la iglesia, los empresarios, estudiantes, sindicalistas, universidades, academias, gremios profesionales, alzan su voz exigiendo el respeto a la Constitución y a la soberanía nacional, hoy humillada por nuestra dependencia hacia el régimen cubano, la injerencia de otros países. Hay que reunir todas esas voces en un solo haz y darle la direccionalidad correspondiente: Estado de Derecho, Constitución,  libertad de expresión, excarcelación de los presos políticos y regreso de los exilados, soberanía nacional.

¡A la marcha del 23 de enero!

Defender el poder regional

Pompeyo Márquez

 

Una de las conquistas políticas más importantes durante el periodo 1958-98 fue la creación de los poderes regionales, locales y parroquiales elegidos directamente por los respectivos ciudadanos. Anteriormente el Presidente de la República nombraba los gobernadores, era práctica de los gobiernos dictatoriales y centralistas. Las comunidades comenzaron a ver de cerca a sus gobernantes. Ahora el autócrata impone los candidatos, y aspira ganar elecciones con la utilización de todos los recursos del poder.

Esto es una involución histórica ante la cual tenemos que erguirnos, como lo han dicho Antonio Ledezma y Henrique Capriles. Uno, al afirmar que se quiere destruir la descentralización. Otro, que quieren llegar los oficialistas a Miranda no para construir sino para destruir. Es la utilización del ventajismo más obsceno del autócrata que se cree dueño del país y que quiere mandatarios sumisos. Él lo que designa como candidato  es su delegado que haga las cosas como él ordena porque en su mentalidad militarista lo que priva es la subordinación a la voz de mando. Anula las iniciativas regionales y locales, ahoga las potencialidades de las regiones, como se puede comprobar en los estados gobernados por oficialistas.

Esta confrontación del 16 de diciembre hay que enfrentarla con denuedo y coraje. Debemos impedir que se liquide esta conquista y, lo que es más grave, que la autocracia se implante en Venezuela desconociendo a la mitad de los venezolanos que sufragaron por un opción diferente representada por Capriles y su mensaje descentralizador. Somos una fuerza, 45 por ciento del electorado, la mitad del país. El autócrata debe hacer una lectura más fiel de los resultados. Hay que hacer valer esa fuerza, por eso defender el Poder Regional no es cualquier cosa.

En 1957, bajo aquella férrea dictadura militar, Venezuela perdió el miedo. El período 1953-57 los llamamos “años de rata”, no se movía ni una hoja contra el tirano. Y pudimos vencer con la unidad más amplia.

Un país con una centralización autocrática y que desconozca su otra mitad está condenado al fracaso. Para construir una nación descentralizada, plural, democrática y crear muros de contención, hasta derrotar a la arrogancia autocrática, tenemos un camino que tiene alzas y bajas, curvas y baches que deben ser superados con la unidad de todos los que nos oponemos a la autocracia militarista.

Precisar muy bien el momento

Pompeyo Márquez

 

En primer lugar tener presente que vivimos en un autocracia. Que es una falacia enorme querer presentar a Venezuela como un país democrático.

Igualmente comprender que el autócrata mantiene relaciones con sectores populares para lo cual utiliza los recursos del Estado para su propio culto a la personalidad. Henrique Capriles no estuvo enfrentado a un candidato, no participó en unas elecciones con igualdad de oportunidades, sino se enfrentó contra un Estado, contra todos los recursos imaginables de un aparato que no es propiamente un partido sino un Estado. Por ejemplo, los “patrulleros” eran del PSUV, funcionarios del Ministerio del llamado Poder Popular, dedicados exclusiva y diariamente al contacto con sectores populares. Ríos de bolívares circularon en esta campaña a costa del Fisco Nacional. Algún día se sabrá cuánto se gastó en cada acto del candidato continuista. Tenemos 14 años de dominio y están planteados seis más. Verguenza da que en pleno siglo XX tengamos un régimen de esta naturaleza.

Pasado el 7 de octubre se nos presenta una nueva elección, la de los 24 gobernadores. Ya tenemos a los 24 designados por el “Dedo” milagroso, sin ninguna consulta con su base. El autócrata, al margen de la Constitución, quiere eliminar las competencias de los Estados y Municipios mediante un llamado Poder Comunal. Pero el proceso de descentralización está ahí. Y es más poderoso que la omnímoda voluntad del personaje en cuestión.

Debemos entonces prepararnos y participar en las nuevas elecciones, pero muy vigilantes con el REP, con el grado de ventajismo, con querer imponerle a los Estados candidatos importados sumisos al centralismo personalista. La confrontación será dura pues en ella se juegan no sólo intereses regionales sino ganar el mayor número de gobernaciones que sirvan de muro de contención a las pretensiones hegemónicas de Chávez. El será el candidato en las 24 regiones tratando de transmitir su prestigio y ventajismo a sus candidatos.

Henrique Capriles va a la reelección en Miranda. Debe entender muy bien el tipo de confrontación que debe realizar frente al enviado oficialista. Nada de ingenuidad. Aprender la lección de las presidenciales. Tenemos espacios por defender que fueron superados en las presidenciales por un margen muy pequeño. Y es sabido que los resultados presidenciales no se trasladan automáticamente a los regionales.

Levantar el ánimo, superar el “duelo”, el sabor amargo que deja todo revés y marchar con el ánimo en alto para lograr victorias que reafirmen que existe una mayoría que está dispuesta a vivir en democracia, en libertad, en pluralismo, con justicia social.

Esto implica no dejar todo sólo al entusiasmo y a la espontaneidad sino también pensar en la organización, en la incorporación del mayor número de respaldos, no escatimar a nadie por pequeño que sea. La idea debe ser sumar, mantener la unidad y ampliarla donde sea posible. Son días intensos, donde no se debe dar tregua. No es fácil, precisamente porque lo difícil es que lo emprendemos con nuevos bríos. Hay un poema de uno de mis maestros, Carlos Augusto León, del cual se me grabó lo siguiente: “Lancemos al mar la tristeza y la desesperación  hombres de los puertos”.

Sin caer en voluntarismo, en triunfalismo, en determinismo: con certeza podemos volver a ganar las gobernaciones donde ya gobernamos y otras más.

Hacia la democracia

Pompeyo Márquez

 

Tomamos prestado el título de un libro que fue muy leído por nosotros en la década de los 40 cuyo autor es uno de mis maestros, Carlos Irazábal.

En presencia de esta autocracia militarista nos encontramos en marcha hacia la democracia, a conquistar las libertades que conforman un funcionamiento normal de una sociedad. Lo hacemos, como es de suponer, en situaciones difíciles, donde la unidad y la acumulación de fuerzas juegan papeles determinantes.

En esa marcha hacia la democracia nos encontramos con las más variadas incidencias, una de ellas es la convocatoria a elecciones que no pueden ser calificadas de libres. La participación electoral no significa que sea la única forma de combatir por la libertad y una mejor calidad de vida de los venezolanos y venezolanos. Hay demasiados problemas que abruman a los sectores populares y medios de la población, hay intereses comunes indistintamente del lugar que se ocupa, como derrotar la inseguridad individual, o la libertad de prensa, para citar dos ejemplos.

La participación en procesos electorales es una manera de no entregarle todo el poder al autócrata. Hemos hecho esfuerzos en otras oportunidades y lo hemos derrotado en Zulia, Táchira, Carabobo, Miranda, Caracas, Amazonas y Nueva Esparta; ahora se han sumado Lara y Monagas, y se obtuvo mayoría en la reciente elección presidencial en Mérida y en las parlamentarias en  Anzoátegui.

Son verdaderos muros de contención al afán hegemónico del autócrata militarista. En estos momentos él tiene como propósito enfrentar a la mitad del país y querer imponer, a rajatablas, tanto el poder comunal al margen de la Constitución como el predominio la militarización de Venezuela: 12 candidatos militares escogidos a dedo como aspirantes a gobernaciones, imponiéndose fácilmente sobre el débil sector civil del PSUV. Y en cuanto a los “aliados”… que pataleen!

Debemos hacer un esfuerzo por defender la descentralización y asestarle un golpe al centralismo. La participación activa en esta rápida campaña que comenzó oficialmente el primero de noviembre es un deber impostergable de todo demócrata. No podemos alzar los brazos. Somos una fuerza. Somos la mitad del país. Mantener la unidad, defender lo que hemos avanzado con Henrique Capriles a la cabeza, es hoy por hoy la opción que tenemos que adoptar. Hay una figura en la mitología griega, la mujer de Lot, que miraba hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal. Veamos hacia adelante, veamos que la marcha hacia la democracia tendrá vericuetos, avances y retrocesos, pero la reconciliación de los venezolanos, su calidad de vida, el empleo, las libertades, los derechos humanos y ciudadanos, la justicia social son banderas, entre otras, que vencerán. Unidad y lucha.

Es nuestra experiencia, es la experiencia internacional. Las autocracias tienen los pies de barro, se desploman en el momento más inesperado ante el envión de la sociedad por zafarse del estrangulamiento autocrático, que no puede soportar que nuestro país se encuentre en una sola mano y que de esa persona, de sus humores y caprichos,  dependa la suerte de cerca de 30 millones de venezolanos.

La imposición

Pompeyo Márquez

 

Chávez está empeñado en imponerle a la sociedad venezolana un sistema fracasado como lo es el socialismo estatista, que no es otra cosa que el llamado “poder comunal” dependiente directamente del Ejecutivo, es decir de él. Desde el punto de vista económico es la desorganización de la producción que se traduce, en la práctica, en empobrecimiento de ella.

En ninguna parte del mundo existe ese modelo comunal y donde existió, como en China donde había elementos de ello en la “revolución cultural”, fue un rotundo fracaso que redundó en grandes hambrunas, en una represión directa, en la existencia de los “Guardias Rojos” que con el “Libro Rojo” de Mao perseguían a los ciudadanos y a los propios dirigentes y miembros del PC acusándolos de “burgueses”. Ponían a los profesores y científicos a limpiar inodoros o los mandaban al campo para que se “proletarizaran” originando un casos en los centros de estudio. Todo ello le costó a China 20 años de atraso. La rectificación vino con Deng  Xiaoping en 1978. Wu Xiaobo, considerado uno de los principales economistas chinos de la actualidad, relata las vicisitudes de la rectificación y cuánto costó sacar al gigante asiático de aquella situación y colocarla ahora, después de las grandes reformas, como la segunda potencia  mundial.

El caso venezolano es más dramático porque se trata de imponerle a una sociedad, que se encuentra dividida en dos mitades, un sistema al margen de la Constitución; en ella se establece la estructura Nacional, estadal, municipal y parroquial, todos electos por votación directa, secreta y universal. Se establece un Estado de Derecho y se asienta el pluralismo, la alternabilidad, la descentralización, una economía mixta, defensa de la propiedad privada. La Constitución es ignorada.

Todos los principios constitucionales son puestos “patas arriba”, y en su lugar vivimos una situación “de facto”, sin ley. Sin tribunales a los cuales acudir, donde impera la ley de una autocracia militarista que se ha apoderado de la nación venezolana utilizando el más grosero ventajismo oficial que se conozca en la historia contemporánea venezolana, desde 1836 hasta el presente.

El 16 de diciembre tenemos otra oportunidad de detener la imposición de ese modelo fracasado. Tenemos un arma que es el voto, usarla con decisión y coraje forma parte de esa larga lucha por construir una Venezuela democrática y con justicia social.