Sobre la abstención

Fernando Mires

 

Elegir es diferenciar. Abstenernos de votar no sólo supone entonces una abstención con respecto a un conflicto, sino una abstención de diferenciar, una a través de la cual nos negamos como electores.

 

Ha habido autores que han escrito voluminosos libros y de pronto escriben un artículo o ensayo muy breve donde se encuentra casi todo el sentido del mensaje que querían comunicar. Pienso por ejemplo en la alegoría de la caverna platónica (sólo dos páginas del libro Vll de la República) o en “Paz Perpetua” de Kant, o en “Política como Profesión” de Max Weber e incluso en el “Manifiesto Comunista” de Karl Marx. Pues los libros voluminosos suelen serlo cuando el autor busca un objetivo que siendo pre-sentido no es todavía encontrado. Hasta que llega el momento feliz del encuentro. Entonces la idea surge simple y breve. ¿Ha pensado alguien cuántas noches de insomnio hay detrás de la tan sencilla fórmula de Einstein,E=mc2?

Cuando leí por primera vez el artículo de Sigmund Freud “La denegación” (Die Verneinung, 1934) me di cuenta de que estaba frente a uno de esos breve textos reveladores. Es por eso que cada cierto tiempo vuelvo a leerlo para encontrar una sugerencia, algo que obliga a seguir reflexionando más allá del texto, algo que de pronto desemboca en ámbitos lejanos al propio Freud. Como el de la política, por ejemplo.

Freud parte de una observación detectivesca. Si un paciente decía que el personaje femenino de un sueño no es su madre, Freud deducía: “es la madre”. De este modo logró percibir que al ser reconocido el objeto, éste no era reprimido sino negado. Negado significa, en la formulación de Freud, “algo que me gustaría reprimir”. Y bien, la diferencia entre lo que se reprime y lo que se niega es central en el pensamiento de Freud.

Recordemos que convertir lo inconsciente en conciente era para Freud un propósito del psicoanálisis. No obstante, laconcientización de lo inconsciente no significaba para él la eliminación del conflicto. Todo lo contrario, lo que se busca hacer conciente en la escena analítica es el conflicto mismo, esto es, el reconocimiento real de lo que uno niega. Así Freud logró trazar la fina línea que separa a lo reprimido de lo negado.

Podríamos decir sin miedo que el arte del psicoanálisis consiste en transformar “lo reprimido” en “lo negado” pues la negación es siempre una acto de la conciencia, una decisión del yo, o como dice Freud, una atributo del intelecto. Eso significa que sólo a partir del reconocimiento del conflicto negado puedo dar el segundo paso: el de la afirmación. O en una fórmula: no la afirmación posibilita la negación sino la negación a la afirmación.

Para explicarme mejor: Si alguien dice “hoy yo no quisiera hablar de “eso” “, “eso” implica el reconocimiento de “algo” que produce displacer, mas no su represión. La decisión de no hablar hoy de “eso” no niega entonces al conflicto, simplemente lo silencia. En cierto modo implica la decisión de no-desear-enfrentar-el-conflicto lo que en ciertos casos es aconsejable, sobre todo en la vida privada. De ahí que en lugar de enfrentar, posponemos al conflicto. ¿Cuántas veces dejamos para el Lunes lo que no queremos hacer el Domingo?
No obstante, lo que puede ser cuerdo en la vida privada no lo es siempre en la política. La razón es simple: sin conflicto no hay política pues la política es conflicto (agonía, según Hannah Arendt) Y el momento más conflictivo (o agónico) de la política es sin duda el de la elección dado que en una elección se trata de elegir, y elegir significa afirmar algo que pensamos es mejor a lo no elegido (negado). Elegir es diferenciar. Abstenernos de votar no sólo supone entonces una abstención con respecto a un conflicto, sino una abstención de diferenciar, una a través de la cual nos negamos como electores.

La abstención al ser dirigida en contra de uno mismo no puede ser considerada como un acto de protesta pues nadie protesta en contra de uno. Si queremos protestar podemos votar en blanco o simplemente, como hizo Yoani Sánchez en Cuba, anular el voto y rayarlo. Yoani mostró incluso su voto -donde ella había escrito la palabra “libertad”- a las cámaras. Yoani, luego, no se abstuvo de votar. Tampoco de elegir. Ella eligió en contra de las opciones propuestas, otra elección, una que en las condiciones imperantes en su isla, no era todavía posible. Así es como se protesta.

Por supuesto, en una elección se puede votar sin elegir, aunque -obvio- no se puede elegir sin votar. Dicha distinción entre votante y elector podría haberla hecho Max Weber, pero como no la hizo, la hago yo. A primera vista parece un exceso de sutileza, pero no es así. En efecto hay quienes votan pero no eligen.

Hay quienes han votado y votarán por el mismo partido hasta el fin de sus días. Esos según la expresión de Weber son los militantes (Mitgliedschaft) a quienes diferenciaba de los simples partidarios (Anhängerschaft) y de los electores (Wählerschaft)
Los militantes, algunos de los cuales han establecido con la política una relación casi sacramental, al votar siempre por el mismo partido no son electores pues nunca eligen. Son solo votantes. Los electores en cambio son aquellos que realizan un ejercicio intelectual en cada elección y, por lo mismo, eligen.

Según los militantes los electores poseen una baja conciencia política. Pero quienes verdaderamente dan sentido a la vida política son los electores quienes al elegir, deciden. Mas, para elegir, los electores necesitan por lo menos de una diferencia. Si no hay diferencia no puede haber diferenciación. Solo puede haber in-diferencia, la que en las elecciones se traduce en abstención. La indiferencia aparece entonces en el momento en el que nos negamos a negar.

La abstención, luego, comienza desde el momento en que los electores -no así los votantes- no pueden encontrar las diferencias. Quizás eso fue lo que sucedió en Chile en las elecciones municipales del mes de Octubre del 2012 cuando -en el que se supone uno de los países más politizados del continente- la abstención alcanzó un catastrófico 60%. No ocurría lo mismo en el pasado reciente. Durante los tiempos de “la posdictadura” (Adolfo Castillo) unos votaban para evitar el regreso de los pinochetistas. Los otros, para evitar el regreso de la Unidad Popular. Las diferencias estaban muy claras. Hoy, evidentemente, no es así.

La ausencia de las diferencias lleva a la indiferencia y con ello al fin de la política ya que sin diferencias no hay antagonismos y sin antagonismos no hay política. Cuando eso ocurre no nos encontramos entonces sólo frente a una crisis política sino frente a la crisis de la política. Y eso, desde una perspectiva política, es lo peor que puede ocurrir en un país.

Ahora ¿qué sucede cuando hay electores -estoy pensando en Venezuela- quienes a pesar de que existen diferencias dramáticas entre los candidatos de su país deciden de todas maneras no votar? En este caso -es mi respuesta- estamos definitivamente frente a una muy grave patología política.

Lamentablemente Freud no escribió nada sobre ese tema.

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Resultados del 7-O por estados, candidatos y partidos políticos. Tarjetón electoral para el 16-D

En descargables, traemos para ustedes un informe hecho por el partido Un Nuevo Tiempo acerca de los resultados del 7 de octubre con cuadros comparativos, gráficas y conclusiones acerca de los mismos.

 

Para verlo haga click en Oct 15 Presidenciales

De igual forma podrán conocer el tarjetón electoral para las elecciones regionales del 16 de diciembre de 2012.

Para conocerlo haga click en ubicación de la tarjeta

La marcha de Radonski

Ednodio Quintero

 

Cuando me aprestaba a escribir para un grupo de amigos mis impresiones acerca de las elecciones presidenciales de mi país, a realizarse el próximo domingo 7 de octubre, recordé, por asociación de ideas y por el sonido del segundo apellido del abanderado de la oposición (Radonski), el título de la extraordinaria novela del escritor judío de origen ruso Joseph Roth: La marcha de Radetzky. Recordé que el autor de esta novela, a sus 45 años había decidido quitarse la vida ante la entrada de los nazis en París en 1939. Busqué el libro de Roth y al abrirlo encontré en la primera página la siguiente frase: “El destino le había elegido para cumplir una hazaña memorable”. Ya había decidido el título de mi escrito, que incluía la idea del elegido, y así la doble coincidencia con el inicio de la novela de Joseph Roth no dejó de sorprenderme pues había llegado a La marcha de Radetzky pensando en “La marcha de Radonski”, o viceversa.

Sin duda que de vez en cuando los dioses eligen a los héroes, aquellos destinados a realizar hazañas colosales. Pero ese destino no se le ofrece a los mortales en bandeja de plata ya que para alcanzar sus logros tienen que superar una serie de pruebas dignas de un Hércules o de algún personaje de la Biblia ―como David, el vencedor de Goliat. Así, de bíblicas, homéricas o titánicas serán calificadas en el porvenir las pruebas a las que ha sido sometido nuestro último héroe patrio, un joven de corazón valiente destinado a convertirse en el líder de un país, el nuestro, justo cuando parecía que habíamos perdido toda esperanza.

Cuando hace unos años un grupo de amigos nos reuníamos en la librería La Ballena Blanca de Alejandro Padrón y escuchábamos, entre otras, las voces precisas y analíticas de Diómedes Cordero, casi todos los contertulios se quejaban de la ausencia de un líder capaz de enfrentar al militar felón devenido en autócrata que pretendía atornillarse en la silla de Miraflores como si aquella fuera su heredad. Yo, asumiendo el papel de optimista a toda prueba o de ingenuo en asuntos de política, les decía, pensando en una ley natural según la cual la necesidad crea el órgano, que ese líder aparecería a su debido tiempo y lugar cuando así lo determinaran las necesidades de la psiquis colectiva. El pesimismo enceguecía a la mayoría, y para demostrarlo hacíamos una lista hasta con doce dirigentes, candidatos a sustituir al caudillo, y en ellos buscábamos más sus debilidades que sus fortalezas, y a decir verdad no coincidíamos en el perfil del líder anhelado. Luego sucedió el primer gran milagro: la oposición logró una unidad casi monolítica y de ahí derivó una de las decisiones más inteligentes de la así llamada Mesa de la Unidad: la elección por votación popular del candidato a la presidencia.

Recuerdo la fecha exacta, 5 de diciembre de 2011, pues ese día en el barrio tokiense de Asakusa estuve a punto de que se me congelaran los pies, y recuerdo también el lugar: un café donde corrí a refugiarme del frío de enanos en compañía de mi amiga Teresa Iniesta. Habíamos ido hasta Asakusa, el barrio más tradicional de Tokio, buscando un regalo para Ernesto Pérez-Zúñiga, mi súper amigo que vive en Madrid, a quien Teresa visitaría los próximos días durante sus vacaciones navideñas en aquella ciudad. Ya en el café, delante de mi macchiato, Teresa frente a su espumoso latte me preguntó qué era eso de las elecciones primarias en Venezuela, una información que había leído en “El País” de España. Le expliqué con ciertos detalles en qué consistía aquel novedoso procedimiento para escoger el candidato único de la oposición a las elecciones presidenciales. Y ante su insistencia por saber más le aseguré que las primarias eran muy importantes pues la persona ahí seleccionada tendría una oportunidad de oro para imponerse en las próximas elecciones. Teresa continuó indagando en torno a los candidatos y fue entonces cuando vaticiné el triunfo de Henrique Capriles Radonski.

A mediados de febrero de este año, Teresa me invitó a cenar y me felicitó por el acierto de mi vaticinio. Ya sabemos que en las primarias hubo una participación multitudinaria que dejó sorprendidos a propios y extraños, y sabemos que el respaldo para Capriles fue mayoritario, casi total. De nuevo le aseguré a Teresa que Capriles Radonski sería nuestro próximo presidente, y Teresa, que es una chica muy sensible e informada sonrió y dijo: Dios te oiga, además es un chico muy guapo.

Lo que ha sucedido después forma ya parte de nuestra historia. La campaña de Capriles, que podríamos llamarla, parodiando el título de la novela de Joseph Roth, “La gran marcha de Radonski”, puede ser calificada sin ninguna duda de épica. Los obstáculos sorteados por el héroe son similares, en un plano simbólico, a los doce trabajos de Hércules, desde el enfrentamiento con el Cancerbero o con la Hidra de Lerna que destila veneno por sus múltiples hocicos y que en una interpretación esotérica representa el miedo, el odio y el ansia de poder, hasta la cosecha de las manzanas de oro de las Hespérides, para nuestra satisfacción.

El elegido de los dioses está ahí y se expresa con palabras ciertas, diáfanas, sencillas y sonoras como el retintín de monedas de plata. No es un Mesías ni un instrumento de venganza, es el héroe soñado y anhelado por la psiquis colectiva. Viene a cumplir una ardua misión en tiempos muy difíciles. Los dioses lo señalaron a él, y a nosotros nos corresponde en primer lugar ratificarlo este domingo 7 de octubre, un día histórico para nuestro país, y luego apoyarlo y ayudarlo en el cumplimiento de su destino, que es el destino de todos por igual.

 

Mérida: 4 de octubre de 2012.

El discurso de Capriles

Fernando Mires

 

La candidatura de Henrique Capriles Radonski ha logrado unificar dos dimensiones que en la historia reciente de Venezuela estaban separadas. Una es la lucha por las libertades democráticas. Otra, la lucha por la justicia social. Esa es la razón por la cual la de HCR no sólo es una candidatura. Además, es -o ha llegado a ser- un movimiento nacional, político y social a la vez.

No toda candidatura posee esa doble dimensión. Si analizamos elecciones recientes en América Latina, veremos que las que dieron como vencedoras a Dilma Rousseff y a Cristina Fernández corresponden con una fuerte demanda social iniciada durante los gobiernos de Lula y Kirchner respectivamente. La elección que llevó a José Mujica al gobierno uruguayo fue también más social que política pues las libertades democráticas estaban, antes de la elección, plenamente garantizadas. La elección que dio triunfador a Humala en la segunda vuelta fue, en cambio, más política que social puesto que para los partidos que lo apoyaron se trataba de evitar lo que ellos consideraban un “mal peor” (retorno del fujimorismo). A su vez, la elección que dio como vencedor al PRI de Peña Nieto, corresponde más bien al modelo clásico mediante el cual diversas opciones compiten entre sí, sin que ninguna logre perfilar una dirección muy distinta a las demás.

En fin, en pocas elecciones la dimensión política y la social han estado tan unidas como en la candidatura del HCR. Esa es quizás una de las razones que explican por qué Capriles ya es considerado, y no por pocos, como probable vencedor en las elecciones que tendrán lugar el 7-O. Estamos sin dudas frente a un nuevo fenómeno político.

Para entender el nuevo fenómeno político hay que tomar en cuenta que en todas las elecciones habidas durante su mandato, Chávez, elevado a la categoría de campeón de la justicia social, pudo imponerse sobre una oposición que si bien ha logrado erigirse como defensora de las libertades políticas, no estaba todavía en condiciones de representar los intereses de los sectores sociales más desposeídos.

Chávez, eximio populista, ayudado por la evidente desvinculación entre “lo social” y “lo político” que caracterizó a la democracia pre-chavista, logró crear la imagen simbólica, todavía arraigada, de una oposición “burguesa y oligárquica” opuesta a los intereses del pueblo, frente a la cual, él, supremo justiciero, se erige como histórico vengador.
No importaba que gran parte del contingente chavista no proviniera de ninguna izquierda social, sino de grupos de aventureros sin pasado político, fragmentos adecos y masistas y, no por último, de los más oscuros cuarteles. No importaba tampoco que en la oposición se encontraran destacados luchadores sociales, partidos socialdemócratas, dirigentes obreros y hasta antiguos guerrilleros. Mediante su demagogia, más el uso de dádivas, misiones y concejos comunales, Chávez logró estatizar a diversas organizaciones sociales, dando forma a un sistema corporativo que le permitió aparecer, en el interior y en el exterior de la nación, como líder revolucionario de un pueblo políticamente organizado. De esa falsa imagen ha vivido hasta ahora el chavismo.

Fue así que Capriles, entre otros, entendió que Chávez no podía ser más enfrentado oponiendo el principio de libertad al de necesidad. Así también lo entendieron los electores de las primarias al elegir a Capriles como su abanderado. Capriles, siguiendo ese mandato, decidió desafiar a Chávez en los que se creía eran sus reductos inexpugnables: las aldeas y pueblos: allí donde viven los pobres, los abandonados, los humillados y los ofendidos.

Falta de hospitales, de escuelas, de caminos, de agua, casas de cartones, inseguridad, predios abandonados, ausencia de ayuda estatal, solo una que otra misión donde son repartidos regalos en épocas electorales a cambio de llevar una franela roja. En fin, la revolución social de Chávez nunca había tenido lugar.

De todos los escándalos que ha vivido la Venezuela chavista quizás no hay ninguno más grande que el de la revolución. Porque ni siquiera en términos antimperiales ha realizado Chávez una revolución. Al contrario, Venezuela -víctima del deterioro del aparato productivo- ha llegado a ser uno de los países más dependientes de las importaciones norteamericanas de todo el continente. De las exportaciones, ni hablar. La independencia económica no sólo no ha tenido lugar sino, además, ha sido fortalecida, y todo eso, a costa de los productores y trabajadores venezolanos. Ese hecho, el escándalo de una revolución que nunca fue, ha sido denunciado sistemáticamente en el discurso político de Capriles.

Analizando videos de las masivas manifestaciones que se desatan en todos los lugares donde aparece Capriles, es posible advertir que su discurso emerge de un encuentro entre el candidato y la realidad que lo circunda. Es por eso que, en primer lugar, el de Capriles es un discurso descriptivo. Eso quiere decir que no es un discurso ideológico. En ninguna de sus intervenciones vamos a encontrar frases dedicadas al capitalismo, al comunismo, a la izquierda o a la derecha, al bien o al mal.

Capriles no habla de cambiar el orden económico mundial, ni de salvar al planeta, ni de guerras en contra del imperio. Pero sí de construcción de caminos y puentes, de escuelas y hospitales, en fin, de los temas de la vida cotidiana. Y la gente así lo entiende y así lo siente. En cierto sentido podríamos decir que Capriles está contribuyendo a des-ideologizar el idioma político venezolano. ¿Será esa una de las razones por las cuales sus enemigos dicen que es un mal orador? Sobre ese punto vale la pena detenerse un instante.

Antes que nada debe ser aclarado qué es lo que se entiende por oratoria política. Se trata de algo muy simple: La oratoria política consiste en decir las palabras precisas, en el momento preciso y en el lugar preciso. Luego, el orador político debe ser antes que nada un expositor. Y Capriles lo es. Ahora, desde ese punto de vista, y a diferencia de lo que muchos creen, Chávez es un pésimo orador político. Chávez -eso es muy diferente- es un excelente predicador. Es por esa razón que, cuando Chávez habla, su oratoria adquiere el carácter de una prédica evangélica.

Chávez grita, gesticula, ríe y hace reír, llora y hace llorar a los suyos. Sus fieles son transportados a una suerte de catarsis en esas misas profanas en que convierte cada una de sus apariciones públicas. En ese sentido Chávez apela al inconsciente religioso e incluso mágico de su pueblo. Su mensaje, por lo mismo, no es político. Es, en gran medida, anti-político. No así el de Capriles. Pues la política vive de los problemas concretos de la polis, aunque esa polis no sea más que un poblado perdido entre los montes.

Decir las palabras precisas en el momento y en el lugar preciso requiere de un arte que no domina Chávez: el de la brevedad. Capriles, por su lado, sin aspavientos, ha sabido marcar con frases muy breves su trayectoria electoral. “Yo no vengo aquí a quedarme para siempre”; “Mi gobierno tendrá plazo de vencimiento”; “El proyecto que lidero no es contra nadie, es a favor de todos ustedes”; “Con los recursos que tiene Venezuela es imperdonable que haya ciudadanos que padecen hambre”. Cada una de esas frases impregna la mente ciudadana de un modo mucho más profundo que un discurso de tres horas, chistes viejos, canciones y bailoteos incluido.

Hay, además, otro punto que debe ser remarcado en la sintaxis política de Capriles. En cada  lugar que visita no sólo él hace uso de la palabra. La “sociedad” a través de sus representantes también habla con Capriles y al hablar se articula consigo misma. Capriles hace entonces lo que Chávez nunca ha sabido hacer: escucha. Luego, sobre la base de lo escuchado, Capriles interviene y expone. Su discurso entonces no surge de una simple subjetividad narcisista. Es una respuesta “al otro”. O dicho así: El discurso de Capriles -a diferencias de el de Chávez que es monológico- es dialógico. De este modo la política recupera una de las características sin la cual nunca habría nacido: la dialogicidad, única posibilidad del humano para ser lo que bajo el imperio del monólogo es imposible: un sujeto de sí mismo a través del espejo de los otros.

Que el discurso de Capriles sea dialógico no excluye por cierto el antagonismo con el adversario. Antagonismo que al ser político no recurre al lenguaje de la guerra el que a través de insultos innombrables maneja a la perfección Chávez. “Yo no vengo a pelear aquí con nadie”- dice Capriles. Pero sí, interpela directamente a Chávez. Por ejemplo, cuando comenzó su campaña se refería sólo a “este gobierno”. Mas, poco a poco Capriles ha personalizado sus ataques. Ahora habla de “el otro candidato”, o de “el candidato del gobierno”; y más aún: de “el candidato del pasado”.  A veces, sin mencionar a Chávez, lo descoloca por completo. “Yo quiero ser el presidente de todos los venezolanos, incluyendo a los rojos”. O cuando refiriéndose a la gloriosa frase: “quien no es chavista no es venezolano” responde de modo fulminante: “No es el presidente quien decide quien es venezolano. Son los venezolanos quienes deciden quien es el presidente”. O también cuando denuncia sin nombrarlas, las subvenciones de Chávez al corrupto régimen cubano: “Venezuela no regalará una gota de petróleo más a nadie”. Frases cortas, directas, muy claras. En breve: frases políticas.

No deja de llamar la atención que Capriles, el candidato de la derecha según Chávez, recurre a temas que tradicionalmente han sido patrimonio de las izquierdas socialistas. En cambio, los de Chávez son más bien propios a las más rancias derechas del continente. Así, mientras Capriles habla del progreso, Chávez habla del pasado. Mientras Capriles habla al  pueblo multicolor, Chávez se enreda en una racista discusión en torno al rostro de Bolívar. Mientras Capriles habla de la modernización económica, Chávez habla de las glorias militares de la nación. ¿Serán esas las razones por las cuales las marchas populares de Capriles han despertado tanto entusiasmo?

La palabra “entusiasmo” significaba para los griegos antiguos “llevar a un dios dentro de sí”. Traducido al lenguaje moderno, entusiasmo significa transportar el principio de la vida, principio representado en lo nuevo, en lo que aparece y no en lo que perece. Eso no tiene nada que ver con el cuerpo -enfermo o sano- de Chávez. Tiene que ver sí, con un espíritu que ya no es de este tiempo, con un pasado que no volverá, con una ideología que ya está muerta. Capriles, en cambio, ha llegado a convertirse en el significante personificado de un vasto movimiento social y político el que, mientras más se articula consigo mismo, más desarticula al discurso adversario.

Para decirlo todo en una sola frase: Venezuela se encuentra al borde de un nuevo comienzo.

Actividades Comando Venezuela – Mérida (18 a 26 de septiembre)

Martes 18 a miércoles 26 septiembre 2.012

 

MUNICIPIO LIBERTADOR

Martes 18 sept. Parroquia Gonzalo Picón, recorrido desde Alfarería hasta El Playón. 4 pm.

Miércoles 19 sept. Parroquia Lasso de La Vega.

Jueves 20 sept. Parroquias El Llano, Sagrario, Arias y Milla, recorrido desde Plaza Glorias Patrias hasta Plaza de Milla (subiendo av 3). 2 pm.

Viernes 21 sept. Parroquia Domingo Peña, recorrido desde Grupo Escolar “Rafael Antonio Godoy” hasta Santa Juana (bajando por av 16 de Septiembre y entrando al mercado Soto Rosa). 10 am.
Parroquias Spinetti Dini, Mariano Picón y Caracciolo Parra, recorrido desde Páramo Grill hasta urb. Humboldt, entrando por El Campito, barrio Sucre, El Llanito, Los Sauzales, av. Las Américas). 3 pm.

Sábado 22 sept. Visita al municipio Alberto Adriani.

Domingo 23 sept. Visita al municipio Campo Elías.

Lunes 24 sept. Parroquia Spinetti Dini, recorrido por barrios Simón Bolívar y Pueblo Nuevo. 3pm

Martes 25 sept. Visita a los Pueblos del Sur con Leopoldo López.

Miércoles 26 sept. Parroquia J.J. Osuna. 3 pm. (Recorrido desde Unidad Educativa “Rómulo Betancourt” hasta Cámara de Comercio).

 

RUEDAS DE PRENSA POR MUNICIPIOS

Jueves 20 sept. Área Metropolitana. Tema: Propuesta y Plan de Gobierno para la  zona. Lugar: Comando Regional. 9 am.

Lunes 24 sept. Pueblos del Sur. Tema: Propuesta y Programa de Gobierno para la zona. Lugar: Comando Regional.

Miércoles 26 sept. Zona Panamericana. Tema: Programa de Gobierno y propuesta para la zona. Lugar: Hotel Bari.

Ve aquí los últimos videos de Henrique Capriles Radonski (@hcapriles)

En descargables, traemos para ustedes los últimos videos de la campaña del próximo Presidente de la República, Dios mediante, Henrique Capriles Radonski para que los veas y los difundas.
Para ver los videos haz click en cada uno de los enlaces:
Imagina Capriles Presidente: http://youtu.be/dqw8IZjliG8
Mensaje a las Fuerzas Armadas: http://youtu.be/i368JsJvS60

Vota por tu futuro, economía fuerte con Capriles: http://youtu.be/YMwnORLvmfw

No más expropiaciones: http://youtu.be/pgkW51znaAk

Poder del voto V.S abuso de poder: http://youtu.be/ZmJe1D1kuUs

Testimonio de Ex-Oficialista: http://youtu.be/kBcnaVi94so
Soy progresista con Capriles: http://youtu.be/cvNIuzWTDGQ

Programa de gobierno de Henrique Capriles Radonski para el Estado Mérida (Descargable)

En descargables, traemos para ustedes el programa de gobierno para el Estado Mérida del próximo Presidente de la República, Dios mediante, Henrique Capriles Radonski. En esta plan además ha participado un equipo conformado diversos expertos del estado y de la Ilustre Universidad de Los Andes, bajo la dirección del Prof. Elías Méndez V.

Para descargar el documento haz click en Merida Programa Capriles