La solución no está en el “más allá”

Tolentino Pérez Soto

 

Tratando de superar el indescifrable debate sobre la situación del país, donde nadie se pone de acuerdo con nadie y todos alegan tener la razón, muchos pensamos que hoy la preocupación  fundamental es el drama económico,  azuzado por el descalabro en los precios petroleros.

La inflación y el    desabastecimiento -agregando quizás el desempleo- ha desplazado  la inseguridad y la corrupción…lacras que siguen sembrando pánico y vergüenza pero que,  manteniendo su nivel de espanto, sólo han sido sobrepasados por el potencial adquirido en estos días por la   carestía y escasez. ¡Triste ranking  convertido en verdadera  olimpiada  infernal!

Ayer leíamos en un periódico de circulación nacional  -confirmando nuestra tesis- que “peregrinar por alimentos causa trastornos de aguda ansiedad”.  Por otra parte, un conocido economista cuya posición política es muy cercana al régimen, en un arranque de sinceridad,  decía, “tenemos  que aceptar el fracaso del sistema económico y, por lo tanto, buscar el consenso nacional para detener la inflación, único  factor golpista que amenaza la estabilidad del gobierno”.  Estos juicios  coinciden   e interpretan el malestar que, objetivamente,  se escucha en todo lugar.

Ahora, que  esta realidad no la perciban las autoridades del ejecutivo  quienes se obsesionan en  dar explicaciones  ridículas  y falaces, revela  el peligroso divorcio entre pueblo y gobernantes o, también,  autocomplacerse  con repetidas promesas demagógicas  y creer que con  fantasmales  edictos venidos del más allá,  podrán detener un “tsunami” popular…cuyas referencias   ocurridas, por ejemplo, en Siria, Egipto o Brasil  -por nombrar desbordes recientes- son expresiones lapidarias y muy aleccionadoras.

Sin caer en prejuicios o conjeturas infundadas pero esforzándonos en imaginarnos que Maduro leyó las asesorías de   su tocayo Maquiavelo, el florentino,  es interesante  hacer un paralelo aunque sea una elucubración especulativa. El florentino aseveraba que “dado el hecho de convertirse en príncipe es fruto de la virtud o de la fortuna, (o, para tropicalizar  el ejemplo, “imposición del castrismo”) parece en principio que una   o la otra mitigará, en parte, muchos de los errores o dificultades que aparezcan”.  El legado del Supremo y Eterno, resultaría, en este caso, el “mitigador” o responsable  mítico del desastre en el cual vivimos.  Habilidosa manera de embaucar a fanáticos con la vieja fórmula “poder-divinidad” o –para decirlo explícitamente-  poder divino heredado   desde el más allá por un demagogo  que afincó  en el pueblo un idolátrico culto a la personalidad. Como Hitler, Musolini, Stalin y otros abortos de la insensata  borrachera humana.

Pero hablar de Nicolás, el  florentino,  en medio del desiderátum no tiene sentido el  debate. Debemos centrarnos en la búsqueda de caminos democráticos,  realistas y civilizados para “salvar la Patria”.

A esta altura es la decisión es dramática y cerucial. Veamos: aunque incomprendido y cuestionado por los radicales impacientes, la única estrategia inteligente es pregonar  el diálogo….diálogo  nacido de su intrínseco valor semántico y no el que acomodan las partes a su real interés y antojo. Desde luego es un sendero sumamente laborioso  porque dialogar es convencer a la otra parte del país, también contaminada por el radicalismo duro. Aún así, hay un factor determinante que avanza a pasos de gigante: la inminente destrucción generalizada del país es tan evidente, creciente  y dolorosa que  -más temprano que tarde-  se producirá el milagro de que los ciegos también  abrirán los ojos. Es el momento donde no habrán “chavistas” ni “opositores…surgirá la única tarea de no ahogarnos todos.

Mientras eso sucede, las grandes  y únicas  tareas es consolidar la unidad, arreciar  la protesta  pacífica en las calles, afinar una estrategia certera,    proclamar un programa  realista y no olvidar que el  “ranking de turno” (por ahora) lo lidera una economía en el suelo que mortifica y enardece a todos.

Por eso, abandonando toda querella intrascendente y sustentando sólo las que  apunten derechamente al interés del país, hay que profundizar nuestras proposiciones en cómo recuperar una economía, tarea absolutamente posible si se cambia el actual modelo  comunistoide, obsoleto y fracasado. Además, sin caer en vanidades “echonas”, debemos reconocer que el recurso humano, con talento y experiencia, en economía y en otras disciplinas claves para salir del caos, se encuentra generosamente en el lado democrático.

Con esta conjunción sencilla   -fórmula de la sensatez, diría el señor Perogrullo- el túnel por fin mostraría la luz del otro extremo. Claro, desde luego…siempre con la ayuda de Dios.

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