Editorial acerca de las sanciones impuestas por EEUU a funcionarios del gobierno

De acuerdo a algunas analistas internacionales de prestigio en medios escritos y audiovisuales, el apretón de manos entre el presidente Barack Obama y el general Raúl Castro no fue el único síntoma de un cambio de vientos políticos en la Cumbre de las Américas recientemente realizada en la ciudad de Panamá, pues gran parte de la región dio muestras de una creciente fatiga ideológica y de un nuevo anhelo de pragmatismo.

Andrés Oppenheimer, por ejemplo, citó que “aunque que hubo los discursos habituales de Cuba, Venezuela, Ecuador y otros países autoritarios culpando al “imperialismo” estadounidense de sus problemas internos,  la mayor parte de lo que ocurrió en la cumbre mostró una clara pérdida de influencia de Venezuela en la región y, en la mayoría de los países, un deseo de no antagonizar con los Estados Unidos”.

Creemos que en lo que a Venezuela compete, la intención del Presidente Nicolás Maduro de hacer de las sanciones de Estados Unidos, las firmas y la petición de derogar el decreto de sanción a altos funcionarios venezolanos acusados de corrupción y de violar derechos humanos,  los temas protagonistas de la cumbre, no cumplió sus efectos.

Más bien, llamó la atención la llamada Declaración de Panamá, en la que 25 ex jefes de Gobierno y de Estado de América Latina y de España denuncian la “severa crisis democrática e institucional, económica y social que afecta a Venezuela” y califican de “irresponsable y hasta criminal” dejarla reducida a “una suerte de confrontación entre el Gobierno de Nicolás Maduro y el llamado imperialismo norteamericano”.

El documento, que pide la liberación inmediata de los más de 80 presos políticos que hay en Venezuela, fue hecho público en un evento al que asistieron las esposas del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y del líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López. Ambos se encuentran detenidos en una cárcel militar por su oposición al Gobierno de Nicolás Maduro.

El desgastado discurso de la intervención imperialista tuvo eco en muy pocos países, cuyos representantes, en cambio, se quejaban de que Cuba, Venezuela y Estados Unidos acaparan la atención de los medios, dejando de lado los temas que realmente interesaban en esta cumbre, de carácter social, ambiental, sobre  la pobreza y derechos humanos.

Estos son temas, por citar sólo algunos,  que un país como Venezuela debería poner en el tapete en una reunión de esta naturaleza, liderar el debate y hacer propuestas. Pero no. Lamentablemente nos presentamos en una actitud camorrera y de confrontación contra el imperialismo y la oposición venezolana, contra los empresarios de nuestro país, contra dirigentes de otros países e, incluso, contra el empresariado del propio país anfitrión, Panamá. Ni siquiera el presidente Raúl Castro, de Cuba, fue tan beligerante.

Por unas firmas y unas sanciones a unos altos funcionarios del gobierno, Venezuela perdió de nuevo la oportunidad de liderar otros temas que si son más importantes, y de paso, que los estamos viviendo en carne propia, en medio de la peor crisis política, social, económica y moral que vivido nuestro país en los últimos años.

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