El “NO” y el exilio en Venezuela

Santiago, 5 de Octubre de 2013

 

El 5 de Octubre de 1988, mi mejor amigo se suicidó. Esa noche, yo miraba exaltada en la televisión, como la Concertación de Partidos por la Democracia estaba sacando del poder a una tiranía de 17 años, a punta de  papel  y  lápiz. Mentiría si dijera que celebré. Yo estaba en otros menesteres, que tenían que ver con la muerte, trágica y joven, y no tenía espacio para alegrías.

El resto de Venezuela, incluidos nuestros  chilenos, celebraba. Insisto, los venezolanos celebraban. Celebraban los demócratas cristianos en el poder,  los socialdemócratas en la oposición y  el resto de la izquierda. El venezolano de a pie,  sorprendido y contento, abrazaba y besaba (esto no es un frase convencional,  abrazaron  y  besaron) a sus amigos, a sus vecinos y a sus compañeros de trabajo.

Como hace 25 años yo estaba envuelta en la amarga tristeza del suicidio, hoy voy a celebrar recordando la alegría de los  buenos tiempos. Voy a celebrar acordándome de MIS exilados. Mis maravillosos exilados  en Venezuela.
Como bien dicen por aquí en Chile, “a Venezuela llegaron muchos chilenos”. Una amiga que participaba en los múltiples movimientos de Solidaridad con Chile en Venezuela, me dijo una vez que llegaron a haber 260.000 chilenos registrados en el Consulado. No hay lugar adonde yo vaya en Chile, en el cual no me encuentra a alguien que tiene un tío que vive en Venezuela, un primo que nació en Venezuela, un amigo que todavía vive en Venezuela.

Ningún exilio es fácil. Pero llegar a un país cálido, por Dios que ayuda. En Venezuela, desde el clima hasta la gente, te recibe con calidez. Y si bien todos los 11 de Septiembre se lloraba, no es lo mismo llorar solo que bien acompañado. Quizás por eso, los exilados en Venezuela, no eran gente amargada. Nunca falta un agrio, pero la gran mayoría se incorporó paso a paso, al sabor. Desconcertados en un principio (somos muy diferentes, de eso no hay duda), se les fue acostumbrando el ojo al Sol, el paladar a la arepa, la lengua al “Coño”. Se les relajaron las costumbres, aprendieron a tutear al desconocido y a tomar café de máquina.

Llegaron en una buena época. Se incorporaron a la  clase media con todas las comodidades de entonces: buen trabajo,  casa y carro. Amaron y fueron amados, consiguieron amigos para toda la vida, formaron su patrimonio y una que otra fortuna. Los solteros se casaron. Pero lo más importante, nuestros exilados formaron familias, criaron a sus hijos que llegaron pequeños como venezolanos ó tuvieron hijos venezolanos por nacimiento. Esos hijos que decían  “cónchale” y no usaban el “al tiro”, bailaban salsa y tomaban cerveza fría en la playa con sus amigos. Hicieron su vida en Venezuela, como cualquier venezolano.

Nuestros chilenos se desordenaron un poquito, pero nos también nos ordenaron un poquito. En el Movimiento al Socialismo, partido en el que tuve el honor de militar, no había nada mejor que formar parte de una comisión que tuviera una chilena,  educadita y “arrecha”, que nos pusiera a todos en vereda, organizara el trabajo y nos hiciera más eficientes. Algo quedó en las empresas, en la Universidades y hasta en la juntas de condominio.

Para que hablar de mis amigos chilenos, con los que compartí tanta pasión libertaria,  tanta teoría política, tanto proyecto autogestionario, tanta borrachera, de verdad y de vida. Y por supuesto,  mi chileno propio, mi amor y compañero para siempre. A mi General Pinochet le agradeceré siempre, el esposo que me mandó.

Pero ¡ojo!, no nos confundamos de chilenos. Buena parte de la élite política Chilena, hoy no se acuerde ni de quien era Carlos Andrés Pérez, ni Luis Herrera Campins, ni de su amistad con Acción Democrática, Copei y el MAS (a los que hoy llama, figúrese usted, ¡partidos de Derecha!), ni de como los Gobiernos realmente democráticos aportaron a la Fundación de la Concertación, ni de su vida en Venezuela. Para ellos, eso es el pasado.  Por eso,  los chilenos que hoy recuerdo  son los que quedaron en nuestras vidas, aquellos a los que les importa  Venezuela, como a nosotros nos dolió su dolor de exilio y  la pérdida de la Democracia.

Por eso este 5 de Octubre, cuando celebramos en Chile los 25 años del “NO, yo propongo a Chilenos y Venezolanos en Chile,  un brindis. Por nuestra historia común, por nuestros exilados chilenos-venezolanos-“reencauchados”. Por el amor y la amistad, por la solidaridad y la generosidad. Por la Democracia Chilena y por la Democracia Venezolana.

 

Isabel Massin Bocca

Representante de Un Nuevo Tiempo en Chile

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