Ciudad de libros

Humberto Ruíz

 

Con el título de Ciudad de Libros, hemos presentado un trabajo académico para ingresar a la Academia de Mérida, como Miembro Correspondiente Estadal, circunstancia  que se realizará  el próximo miércoles 11 de septiembre de 2013.

En poco más de ciento cincuenta páginas mostramos una visión genérica,  aunque no superficial,  de la relación que ha tenido la ciudad de Mérida con los libros,  desde su fundación el siglo XVI hasta la actualidad, en la segunda década del siglo XXI.

Como es común el tema ya ha sido tratado por otros investigadores. Varios han escrito sobre el tema de  los libros en  Mérida, a quienes agradezco por sus aportes. Nosotros estamos mostrando una visión comprensiva de los libros  y Mérida en más de cuatro siglos y medio y hemos aportado una diversidad de aspectos  que no han sido tratados  con anterioridad.
Se ha escrito sobre los primeros volúmenes que llegaron con certeza hasta aquí en el siglo XVI, cuando se instaló el Colegio San Francisco Javier  de los Jesuitas, hasta la inmensa biblioteca que incluía libros prohibidos por la Iglesia Católica, que trajo el segundo obispo de Mérida Fray Manuel Cándido Torrijos y Regueiros en las postrimerías del siglo XVIII.  Otros han enfocado su interés en los desatinos y desgracias que sufrió la biblioteca del Colegio Seminario durante la Guerra de Independencia, en la primera parte del siglo XVIII.  Nosotros hemos hecho aportes a partir de los documentos de declaración herencia registrados  en Mérida  en donde aparecen  los libros de quienes dejaron bienes de fortuna, para mostrar la complejidad de los libros que hasta aquí llegaron y se leyeron.
Otros investigadores han dedicado esfuerzo de indagación  para mostrar la labor de Caracciolo Parra y Olmedo, Rector de la Universidad de Mérida, y a quien se debe la organización moderna de la biblioteca de esa institución en manos de Juan Nepomuceno Pagés Monsant,  en las últimas dos décadas del siglo XIX. Entre este siglo tan complejo y el siguiente, hemos logrado recopilar datos sobre algunas bibliotecas de intelectuales y bibliófilos que dieron un perfil de ciudad culta e intelectual, más allá de la influencia ejercida por la misma universidad.
Paradójicamente, los trabajos académicos, sobre los libros y las bibliotecas en Mérida durante el siglo XX son menos, aunque los hay y muy buenos.  Aquí, la historia de las bibliotecas y las  imprentas de la institución, y el establecimiento de la Imprenta de los Talleres Gráficos Universitarios en la segunda mitad de los años cincuenta del siglo, es lo que se ha tratado con mayor profusión.  Nosotros por nuestra parte, a partir de entrevistas, hemos reconstruido el entorno  de fines de la década de los cuarenta hasta finales de los sesenta, en relación  con la imprentas privadas y las librerías que existieron en esa época.
Las últimas cuatro décadas del siglo pasado y la primera del siglo XXI, ha sido poco analizado el tema de los libros, aunque si el de las bibliotecas de la ULA.  Sin embargo, es en este tiempo cuando ocurren las mas importantes transformaciones que hoy caracterizan la relación de la ciudad con los libros, las bibliotecas y las imprentas. Hay que destacar la organización de la Feria Internacional del Libro y la instalación del Repositorio Institucional de la ULA. Con esto último se le ha dado visibilidad internacional a la universidad de Mérida, al acumular millones de visitas en el ciberespacio.  Y además, ofrecer para su consulta libre,  no solo libros  sino una colección de revistas  digitales, en una amplísima  diversidad disciplinaria, dirigidas por profesores de la institución o en conjunto con personal de otras universidades e instituciones de investigación del país.
Son cuatrocientos cincuenta y cinco años de una vinculación compleja, permanente, muy rica que ha variado con el tiempo entre sus habitantes con los libros.  Se analiza  el papel de sus autoridades, sus lectores, sus escritores  y sus editores con las obras que hasta aquí se traían y luego se comenzaron a producir. Sin dejar de insistir en la condición de ciudad alejada de los grandes centros políticos y económico, de difícil acceso asentada  en las estribaciones de los Andes, hoy venezolanos, que la hubiera signado a una vida provinciana  y hasta miserable en los aspectos del intelecto y el espíritu. Los libros la han hecho otra cosa. Lo que hoy es: una pequeña ciudad culta que destaca por ello en el país y ahora en el ciberespacio.
Si está interesado en estos temas, y tiene tiempo, le invito para acompañarnos a la lectura del discurso que amplia las ideas aquí esbozadas.
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