Tesoros de Mérida

Omar E. Arévalo

¡MÉRIDA!

Mérida, la eterna Mérida, es bella por gracia divina y por el tesón de su gentilicio. No son el Teleférico y las Ferias Internacionales del Sol lo que la define como destino turístico nacional e internacional. Es su belleza natural, la sierra nevada con su hermoso e imponente pico Bolívar, su agradable y saludable clima, sus cascadas y lagunas y sobre todo su gente, lo que la sitúa en un lugar único que nada tiene que envidiarle a los Alpes suizos, a la Selva Negra alemana o a las Montañas escocesas.

Mérida es bella por obra de la naturaleza y por el talento de su gente. El Teleférico existe y es importante por cuanto existe el pico Bolívar. Su encanto y valor verdadero es poder contemplar cada día sus hermosos anillos gélidos. Las Ferias Internacionales del Sol nada significarían sin las tradiciones, espiritualidad y creatividad de los merideños y merideñas.

Mérida, “Ciudad Estudiantil de Venezuela”, es la Universidad de los Andes y el observatorio astronómico de Llano del Hato.

Mérida es sus artesanos y creadores; sus dulces, bebidas y comidas típicas; también es el fruto de las manos prodigiosas de sus campesinos y campesinas que día a día enriquecen y adornan con frutas, champiñones, truchas y hortalizas la mesa de los venezolanos.

Mérida es Juan Rodríguez Suárez y su Santiago de los Caballeros de Mérida; también es Juan de Maldonado y Fray Juan Ramos de Lora.

Mérida es Bolívar y su Campaña Admirable; también es heroísmo con Luís María Rivas Dávila. Es Manuel Vicente de Maya y Antonio Nicolás Briceño.

Mérida es la sierra nevada y sus picos: Bolívar (4.978 m); la Corona, con los picos Humboldt (4.942 m) y Bonpland (4.882 m); la Concha (4.922 m), el Toro (4.756 m) y el León (4.743 m). También es frailejón y orquídeas así como las mejillas color fresa del niño o niña del páramo.

Mérida es Caribay y las cinco águilas blancas de Tulio Febres Cordero. También es Tinjacá y el perro nevado de El Libertador Simón Bolívar.

Mérida es el Cóndor de Los Andes y el Oso Frontino. “Un Viaje al Amanecer” con Mariano Picón Salas.

Mérida es la basílica menor; la iglesia de piedra de Juan Félix Sánchez, un pesebre natural.

Mérida es la loca Luz Caraballo del poeta eterno Andrés Eloy Blanco; también es la inteligencia, belleza y gracia de sus mujeres.

Mérida es el pueblo de los nevados y Jají; también es los parques temáticos de Alexis Montilla.

Mérida es sonido de violín, turismo, cultura, juventud y esperanza; también es un parque, un museo y un libro abierto.

Mérida son las manos del pueblo que cocinan el trigo y moldean el barro para alimentar cuerpo y espíritu.

¡Mérida es Mérida! preciosa por la naturaleza y grande por su gente.

EL SEÑOR DEL PÁRAMO: EL FRAILEJÓN.

Mérida es una fiesta de colores por sus hermosas flores. Entre su variada y rica vegetación destaca una centenaria y enigmática planta: el frailejón.

Su nombre quizás se deba a la complicidad de la neblina del páramo, los lugareños asociaron la forma de las plantas de gran tamaño con la figura de un fraile. También puede provenir de su frágil naturaleza. Esta es su historia.

Hace millones de años, cuando la sierra nevada de Mérida era un inmenso glacial, un ángel conservacionista llamado Omar Virgilio, habló con Dios para pedirle que dotara de vegetación a la sierra nevada de Mérida. Dios le prometió pensarlo y al cabo de unos días aceptó que el pedido del ángel era bueno y convirtió, casi en su totalidad, la blanca nieve en exuberante verde policromado.

Árboles de todo tipo y vegetación silvestre apareció por doquier. El pino, en sus muy variadas formas tomó privilegiado lugar con su belleza, elegancia y aroma particular.

El ángel estaba contento pero sentía que algo faltaba y Dios entonces creó las flores, haciendo que desde imponentes árboles hasta las más insignificantes plantas brotaran millones de flores multicolores de variados tamaños, formas y olores.

La vegetación de la sierra nevada se convirtió en un espectáculo maravilloso, en una perenne fiesta con sólo un ejecutante musical, la estrella de la luz: el Sol.

El ángel estaba contento al ver tanta belleza pero observó que en las zonas más altas, en el páramo, no había vegetación y le preguntó a Dios por ello. Dios le explicó que la alta temperatura no permitía que las plantas viviesen y el ángel le increpó: -¡pero eres el creador, seguro encontrarás una solución!

Durante varios días Dios pensó en el reto que le propuso el atrevido ángel y se dijo: -crearé la planta más hermosa del universo por su forma, por su tamaño, por sus colores, por su olor, por su misión. Y larga, muy larga vida le daré.

La incógnita mayor de Dios era cómo hacer que aquellas bajas temperaturas no la afectasen, de repente se dijo: -¡lo tengo! Le haré un traje gamuzado, blanco y suave como la seda y transparente para que pueda apreciarse el lúgubre color que le daré.

Dios pudo encargar el peculiar traje al gusano de seda o la araña tejedora, pero quiso hacerlo con sus propias manos y por ello su perfección.

De él emanarán, en el mes de octubre, flores amarillas las cuales el astro rey iluminará de vivo y festivo color. Sin embargo devendrá en amarillo nostálgico y servirá para expresar nobles sentimientos.

La inocencia e indefensión, al igual que a los niños y niñas, le caracterizarán para que las generaciones por venir adquieran conciencia de su valor y nunca, nunca permitan su destrucción.

Anuncios

Un comentario en “Tesoros de Mérida

  1. Gracias diputado Ramos por publicar parte de mi trabajo turístico literario . Ojalá y pueda publicarlo completo.
    Saludos, Omar E. Arévalo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s