Respuestas para la periodista Luisa Benavides por parte del Prof. Alejandro Gutiérrez

  • Las importaciones agroalimentarias han crecido violentamente, sobre todo desde el año 2003. Si se comprara el valor de las importaciones agroalimentarias de 2012 con el de 1998, se han multiplicado por cuatro. En 1998 se importaron productos agroalimentarios por un valor de 1.678 millones de US Dólares, en 2012 esta cifra pudo superar fácilmente los 8.000 millones de US dólares. Las importaciones han aumentado para satisfacer el aumento de la demanda que se ha producido en medio de la bonanza petrolera más larga de la historia del país. Los programas sociales alimentarios y las políticas de expansión del gasto público han estimulado un incremento del consumo de alimentos mientras que las políticas agroalimentarias de controles de precios, amenazas a la propiedad privada y en algunos años los efectos del clima han generado un estancamiento de la producción agrícola en el lapso 1998-2012. La brecha entre producción doméstica y una demanda superior se cubre con importaciones que, como ya se dijo,  han aumentado violentamente. En 1998, medido en dólares corrientes importábamos 179  dólares/hab. para 2012 esa cifra puede estar alrededor de los 300 dólares/hab.
  • Hoy en día importamos en cantidades importantes productos en los cuales eramos prácticamente autosuficientes o exportabamos, este es el caso de arroz, café, carne bovina, carne de aves-pollo (donde cubríamos el consumo con producción nacional mientras que importábamos las materias primas para producir los alimentos balanceados para animales. En este momento importamos cantidades importantes de animales bovinos para sacrificar en el país, carne refrigerada y congelada, maíz amarillo, arroz, maíz blanco, café, trigo (no lo producimos en el país) leche en polvo, azúcar cruda para refinarla, tortas para hacer alimentos balanceados para animales, aceites y grasas de origen vegetal.
  • Las exportaciones agroalimentarias, por el contrario han declinado, hasta hacerse prácticamente una variable sin importancia. El máximo valor se logró en 1988 con 689 millones de US Dólares, para 2012 esta cifra apenas rondaba los US 40 millones de dólares. La sobrevaluación del bolívar, las trabas oficiales para exportar y la falta de una política que estimule las exportaciones no petroleras, entre ellas las agroalimentarias, explican esta brutal caída de las exportaciones.
  • Creo que debe haber un cambio radical en las políticas económicas, especialmente las que tienen que ver con lo agroalimentario. Las amenazas sobre la propiedad genera incertidumbre y desestimula la inversión. Yo me pregunto quien va a invertir para producir alimentos a preciso regulados. El estado ha dado muchos créditos pero  no se reflejan en la producción. El estado dice que ha rescatado alrededor de 8 millones de hectáreas pero esto no se refleja en mayor producción. Se han expropiado fincas y empresas agroindustriales pero ahora producen menos o se abandonaron. El gobierno debe hacer un balance de su política de querer abarcarlo todo, de producir y comercializar de todo mientras descuida sus funciones básicas en materia de seguridad, salud, educación, construcción y mantenimiento de infraestructuras, etcétera.
  •  El control de precios impide el buen funcionamiento de los mercados, genera escasez, dificulta la coordinación entre los diferentes eslabones de las cadenas agroalimentarias y lo que es peor, no sirve para combatir la inflación, la cual sigue creciendo y convierte a Venezuela en un país con la más alta tasa de inflación en América Latina y una de las más elevadas del mundo. A nadie en el mundo, en este momento se le ocurre combatir la inflación con controles de precios. El gobierno erradamente cree que la inflación es resultado de la especulación y este diagnóstico errado lo lleva a intensificar el control de precios. El gobierno debe entender que la inflación, en todas partes del mundo se combate con políticas que estimulen la producción y con políticas macroeconómicas (fiscal y monetaria) sanas. El gobierno hace lo contrario, limita la producción y la oferta con los controles de precios, la dificultada para acceder a las divisas al tipo de cambio oficial, las trabas para movilizar la producción y simultáneamente incrementa la demanda agregada con la expansión del gasto público y de la oferta monetaria. Así no se puede reducir la inflación. Lo más grave es que repite las políticas y se agravan los desequilibrios. Hace falta mucho diálogo del Estado con los actores privados para buscar soluciones y humildad en el gobierno para rectificar.
  • Los resultados no han sido buenos ni para la producción agrícola ni para la industria de alimentos. Entre 1998 y 2011 la producción per cápita agrícola y  de la industria de alimentos tuvo crecimiento cero. No hay  certeza de que esta situación tienda a mejorar. En 2012 hubo un ligero aumento en la producción agrícola. En algunos rubros como sorgo, papa y hortalizas hubo aumentos importantes, los cereales maíz y arroz, caña de azúcar y café se recuperaron luego de las disminuciones de los últimos años, las cifras de leche siguen adulteradas y la industria de alimentos siguió en caída.
  • Estamos inmersos en un proceso de desindustrialización pero ingresamos al Mercosur. Yo me pregunto que le podemos vender a los países del Mercosur que nos sea petróleo y sus derivados. Las empresas básicas de Guayana, en manos del Estado, están en crisis, antes exportaban, ahora prácticamente no exportan nada. Los controles de precios y la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el del mercado ilegal estimulan el contrabando de extracción, el cual el gobierno no está en condiciones ni tampoco tiene la voluntad de combatir. Esto agudiza la escasez de algunos alimentos.
  • En síntesis, se requiere un cambio radical en lo institucional (reglas de juego) y en las políticas, tanto en lo macroeconómico como en lo sectorial. La pregunta es si el actor principal, el gobierno está dispuesto a hacerlo, si está dispuesto a abrirle espacios a la inversión privada con un nuevo diseño de políticas, que no sacrifique algunos logros en materia social. Estamos en una transición política y todo es posible. Apostemos por el optimismo y porque el país pueda recuperar la economía, tener crecimiento económico sostenido, sustentado en la inversión pública y privada y cada vez menos dependiente de los impulsos que da la captación de renta petrolera cuando aumentan los precios de los hidrocarburos en el mercado mundial.

 

Profesor titular jubilado de la Universidad de Los Andes-Centro de Investigaciones Agroalimentarias (CIAAL)

M.Sc. en Economía Agrícola (Iowa State University-Estados Unidos)

Doctor en Estudios del Desarrollo (CENDES-UCV)

 

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