Tanta lagrima resulta sospechosa

Humberto Ruíz
Hace un rato terminé de leer el segundo de los dos mejores artículos  que se han escrito en esta semana sobre Chávez. Me refiero a: La Hora del Sentimiento de Milagros Socorro. El otro trabajo, que en mi criterio acompaña al de Milagros Socorro, es: Lo bueno, lo malo y lo feo, de Moisés Naím.  Se pueden localizar en la red en las notas que hemos incluido. Ambos me han inspirado para volver sobre el tema  que parece acompañarnos hoy, a todos los venezolanos.
Lo que escribo ahora son algunos recuerdos, que casi son pesadillas de estos catorce últimos años.  No quiero que me queden por dentro y  por eso los quiero compartir.
Debo manifestar para quienes me leen que mis diferencias con el teniente coronel nacieron en el momento justo en que pronunció su celebre: “Por ahora”Lo vi con el horror de quien se imaginó en ese instante,  todo lo que vendría después y de lo que, lamentablemente, no me equivoqué, salvo en los énfasis.
En esos tiempos del fallido golpe militar daba clases a estudiantes del primer semestre de la Escuela de Educación de la ULA y con tristeza vi cómo, el encantador de serpientes que era, logró hipnotizar a muchos venezolanos,  entre ellos a muchos de mis alumno.  En la discusión que hicimos en clase  les dije: recuerden que Uds. van a trabajar con las ideas, deben enseñar a pensar críticamente a los niños y los jóvenes. Este aventurero es un militar autoritario que terminará persiguiendo a la disidencia (hoy Simonovich, Afiuni, todos los presos políticos y exiliados) y al pensamiento crítico (cerco económico a las universidades autónomas). En fin, lapidario les dije: Ustedes serán maestros y profesores,  no  vendedores o dependientes de negocios para quienes la libertad de pensamiento no es el centro de su actividad laboral. Pero, el énfasis expropiador llegó hasta  los pequeños empresarios y agricultores (recordemos al mártir Franklin Brito) y ellos también han sufrido el afán del personaje totalitario.
Volví a escuchar al Teniente Coronel, gratamente con asombro, en el discurso que dio frente al Ateneo de Caracas, la noche que ganó la primera elección presidencial. Entonces aspiré  que ese discurso de amplitud y de coherencia por una Venezuela mejor se concretara. Pero me equivoqué.
En otras dos oportunidades escuche  con atención casi como por la obligación de hacer una tarea al Teniente Coronel.  La primera de estas veces, cuando iba a decretar un aumento de salario para los profesores universitarios. Esa intervención la escuché en conjunto con un amigo barinés y me sorprendí  que el amigo preveía al argumento del Presidente. Era como un eco adelantado de lo que iba  a decir.  De ello saqué  como  conclusión que había  una cultura de la oralidad  llanera, de la que era poseedor el personaje. Pero, para mi, como montañero,  esa manera de pensar y hablar  me pasaba por el lado,  mas bien con disgusto.
La última vez que escuche a Chávez fue el 17 de junio de 2010, cuando “abanderó” a los estudiantes de Medicina Integral Comunitaria, quienes marchaban a realizar sus pasantías  en las instituciones de salud. Allí, como en sus mejores tiempos, se paseó de arriba  a bajo, para terminar ofreciéndoles un aumento de sus becas  y diciendo tres mentiras del tamaño de una catedral. Primero, que era la primera vez  que los estudiantes universitarios de medicinas iba  a realizar pasantías, segundo que solo en su gobierno se becaba a los estudiantes universitarios  y que, finalmente, se estaban terminando los libros de texto para ellos. No es el momento de recordar lo que escribí en ese momento sobre las tres falacias. Por ello y por todas las mentiras y medias verdades que dijo cada vez que abrió su boca, debo expresar que comparto con Milagros Socorro lo que dice sobre el personaje y la  absoluta ignorancia que tenía sobre muchos temas. Hago mía su afirmación de que:… nunca, en ninguna circunstancia percibí ningún atractivo en la figura de Chávez, jamás experimenté la sensación de estar escuchando una persona inteligente, articulada, sensible ni mucho menos formada”.
A lo largo de estos catorce largos años, siempre he votado y lo he hecho en contra de éste régimen. Son tres períodos presidenciales de los de antes, que permitían cambiar regularme presidentes y a los partido político que los apoyaban.  De lo único que me arrepiento es de haber votado por  Arias Cárdenas, militar al fin de cuentas.  Ahora nos tratarán de imponer a un civil del que solo se conoce su pasado de encapuchado y reposero dirigente sindical. De tal manera que hoy, escribo desde los sentimientos, como Milagros Socorro. Y anticipándome a que en unos días más comemzaran los milagros,  lamento estos años de pesadilla  que de mi parte haré lo indecible para que terminen y que se logre sacar de los venezolanos, lo mucho bueno  que tenemos. Y que estos días de malabarismo simbólico, lloro real o ficticio y bonche encubierto, terminen para siempre.
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