Un frente nacional

Pompeyo Márquez

 

Este 23 de enero estamos convocados para manifestar nuestra firme decisión de hacer respetar la Constitución y conquistar la democracia, defender la soberanía, la pluralidad y comprometernos a la lucha contra la pobreza como manda hoy Naciones Unidas.

Este es un día importante en la historia contemporánea: se puso fin a una dictadura militar que se inició con el derrocamiento de Gallegos, elegido por vez primera en el siglo XX por  sufragio directo, universal y secreto. Fue un hermoso movimiento de unidad nacional que se formó aprendiendo de los fracasos a lo largo de diez años de resistencia clandestina. Fue cívico-militar.

El 23 de enero del 98 retumbó en todo el país el análisis premonitorio que presentó el historiador Castro Leiva en su discurso en el Congreso Nacional con motivo del 40 aniversario del rescate de la República Civil en 1958. Fue un canto a la democracia, a la unidad, a la defensa de los partidos a los que les pidió reformarse; contra el militarismo. Fue un grito para que la sociedad venezolana viera el peligro del caudillismo, del “gendarme necesario” y agregamos del culto a la personalidad. Vamos a citarlo in extenso:

“…aquí, sí, aquí, en esta tierra digo, para defendernos de nosotros mismos, aquí digo que es preciso defender el logro más importante de nuestra sociedad en ciento ochenta y ocho años de historia republicana: la idea y la práctica de «vivir en común», en paz, intentando hacer en una república una democracia. Aprendiendo a vivir mejor en un sistema político de partidos —sistema que está por redefinirse en sus bases, ideas y prácticas— en una democracia representativa, popular, como la que tenemos y que hasta ahora hemos preservado tan bien o mal como hemos podido.”

Hoy es imprescindible ampliar a la Mesa de la Unidad. La sociedad venezolana debe reaccionar, no sólo los partidos. Y así está sucediendo: la iglesia, los empresarios, estudiantes, sindicalistas, universidades, academias, gremios profesionales, alzan su voz exigiendo el respeto a la Constitución y a la soberanía nacional, hoy humillada por nuestra dependencia hacia el régimen cubano, la injerencia de otros países. Hay que reunir todas esas voces en un solo haz y darle la direccionalidad correspondiente: Estado de Derecho, Constitución,  libertad de expresión, excarcelación de los presos políticos y regreso de los exilados, soberanía nacional.

¡A la marcha del 23 de enero!

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