Se acabará hasta la gasolina

Federico Alves

 

Mucho me temo que esta crisis que nos espera en pocas semanas, no es como las demás: esta es diferente.

Me informan que PDVSA no sabe cómo hacer para garantizar el suministro interno de gasolina, gas doméstico, etc., mucho menos el cumplimiento de los contratos de exportación de crudo. Nadie le quiere decir a Chávez lo mal que estamos, pero voy a intentarlo.

Las plantas de refinación requieren un constante mantenimiento que de hecho es tan caro, tan caro, que muchos economistas han calculado que es más barato cada diez años abandonar una refinería y construir una nueva, en vez de reparar la vieja.

Pues bien, las plantas de refinación de PDVSA están casi acabadas, y pronto habrá que pararlas para mantenimiento mayor, que de hecho las deja fuera de juego por unos meses. El problema es que se requiere de muchos millones de dólares para el “revamping” de una refinería, y PDVSA ni tiene los reales, no tiene crédito, y las contratistas que podían hacer el trabajo mayor, como la Fluor, Bechtel o quizás Sade, ni de casualidad van a venir a trabajar sin pago por anticipado, ya que todo el mundo sabe que PDVSA no paga una factura desde hace muchos meses.

Dudo que las empresas de ingeniería criollas como Tecnoconsult, y otras del mismo rango, tengan como afrontar esos proyectos sin ayuda externa. Es decir, léanlo de nuevo: no habrá plantas de refinación funcionando porque PDVSA ni tiene real ni tiene crédito para repararlas. Como se dice en inglés: “a perfect storm”.

Pero es solo el comienzo. El país tendrá que importar gasolina y gastar las reservas preciosas de dólares para quemarlas con la gasolina más barata del mundo, en vez de conservar esos dólares para comprar comida, ya que es más importante comer que manejar, así que ni habrá comida ni habrá gasolina. Si alguien le dice a Chávez que es imperativo multiplicar por cuatro el precio de la gasolina para asegurar su uso más racional, este no quiere escuchar nada, porque sabe que ahí se hunde su revolución. Así que no habrá gasolina porque los vendedores internacionales van a pedir un giro de los reales por adelantado, no el usual “te pago en 30 días” que se le otorga a compañías solventes.

Los términos que se le otorgan a PDVSA son estricto contado, ya que el mundo entero sabe que no paga ni una resma de papel, y sus bonos se cotizan a 50% de su valor nomina, es decir, la confianza en la capacidad de pago de PDVSA a largo plazo está seriamente en duda, o descartada.

¿Todo esto por qué? ¿Qué nos sucedió? Nos agarró la revolución, como le cayó la misma peste comunista a Cuba, a Nicaragua, como le está cayendo encima al Ecuador, etc. Una vez que entra el comunismo “mental”, todo se derrumba, porque la ideología sustituye a la realidad. El comunismo es un problema psicológico antes que dé se vuelva un problema político. El afectado por el virus cree, con seriedad, que se puede repartir pan sin roducirlo, arroz sin sembrarlo, vender gasolina sin tener refinerías, o refinar petróleo sin ingenieros, sólo con “comisarios políticos”. Esa nube mental es lo que acabó con la URSS, lo que tiene postrada a Cuba, lo que tiene contra la pared al Ecuador.

Es la peste negra que le cayó a Venezuela, y que ahora, gracias a una recesión económica mundial, nos afectará antes de lo esperado. El país votó por Chávez, es verdad, no hubo más fraude que el uso descarado de los dineros públicos para apuntalar la campaña del tirano, pero fundamentalmente, Chávez vendió una idea: es posible vivir sin trabajar, subir en la vida sin estudiar, sin esforzarse, etc. El señor que nos gobierna vendió la idea imposible de que el estado puede mantener a la población en estado de dependencia de subsidios, misiones, etc., en vez de hacer lo que tiene que hacer: apoyar a la empresa privada y garantizar los servicios públicos, nada más.

En vez de eso, la expropia y la persigue. Pero ya vemos como en Caracas asesinan a una persona por hora, mucho más que en Bagdad, en Kabul o en Gaza, así que el más importante de los servicios públicos no se presta: la seguridad. Todo viene de lo mismo: la falta de seguridad y la quiebra de PDVSA son causadas por el mismo virus cerebral, llamado “socialismo bolivariano”. El culpable es Chávez, nadie más, y Fidel Castro, quien ha pervertido tanto a la población cubana que, muéranse, muchos de los que vienen a Miami escapando, se regresan a Cuba porque en los EEUU hay que trabajar, y eso no les “entra en la cabeza”.

No es broma. Cuando me lo contaron yo tampoco no lo podía creer. El socialismo es el enemigo público número uno de Venezuela, y del mundo. Acabar con esta peste es una cuestión de salud pública, este virus mató este fin de semana 60 personas en la capital, mucho más que la malaria, el ébola o cualquier otra epidemia del África.

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