Precisar muy bien el momento

Pompeyo Márquez

 

En primer lugar tener presente que vivimos en un autocracia. Que es una falacia enorme querer presentar a Venezuela como un país democrático.

Igualmente comprender que el autócrata mantiene relaciones con sectores populares para lo cual utiliza los recursos del Estado para su propio culto a la personalidad. Henrique Capriles no estuvo enfrentado a un candidato, no participó en unas elecciones con igualdad de oportunidades, sino se enfrentó contra un Estado, contra todos los recursos imaginables de un aparato que no es propiamente un partido sino un Estado. Por ejemplo, los “patrulleros” eran del PSUV, funcionarios del Ministerio del llamado Poder Popular, dedicados exclusiva y diariamente al contacto con sectores populares. Ríos de bolívares circularon en esta campaña a costa del Fisco Nacional. Algún día se sabrá cuánto se gastó en cada acto del candidato continuista. Tenemos 14 años de dominio y están planteados seis más. Verguenza da que en pleno siglo XX tengamos un régimen de esta naturaleza.

Pasado el 7 de octubre se nos presenta una nueva elección, la de los 24 gobernadores. Ya tenemos a los 24 designados por el “Dedo” milagroso, sin ninguna consulta con su base. El autócrata, al margen de la Constitución, quiere eliminar las competencias de los Estados y Municipios mediante un llamado Poder Comunal. Pero el proceso de descentralización está ahí. Y es más poderoso que la omnímoda voluntad del personaje en cuestión.

Debemos entonces prepararnos y participar en las nuevas elecciones, pero muy vigilantes con el REP, con el grado de ventajismo, con querer imponerle a los Estados candidatos importados sumisos al centralismo personalista. La confrontación será dura pues en ella se juegan no sólo intereses regionales sino ganar el mayor número de gobernaciones que sirvan de muro de contención a las pretensiones hegemónicas de Chávez. El será el candidato en las 24 regiones tratando de transmitir su prestigio y ventajismo a sus candidatos.

Henrique Capriles va a la reelección en Miranda. Debe entender muy bien el tipo de confrontación que debe realizar frente al enviado oficialista. Nada de ingenuidad. Aprender la lección de las presidenciales. Tenemos espacios por defender que fueron superados en las presidenciales por un margen muy pequeño. Y es sabido que los resultados presidenciales no se trasladan automáticamente a los regionales.

Levantar el ánimo, superar el “duelo”, el sabor amargo que deja todo revés y marchar con el ánimo en alto para lograr victorias que reafirmen que existe una mayoría que está dispuesta a vivir en democracia, en libertad, en pluralismo, con justicia social.

Esto implica no dejar todo sólo al entusiasmo y a la espontaneidad sino también pensar en la organización, en la incorporación del mayor número de respaldos, no escatimar a nadie por pequeño que sea. La idea debe ser sumar, mantener la unidad y ampliarla donde sea posible. Son días intensos, donde no se debe dar tregua. No es fácil, precisamente porque lo difícil es que lo emprendemos con nuevos bríos. Hay un poema de uno de mis maestros, Carlos Augusto León, del cual se me grabó lo siguiente: “Lancemos al mar la tristeza y la desesperación  hombres de los puertos”.

Sin caer en voluntarismo, en triunfalismo, en determinismo: con certeza podemos volver a ganar las gobernaciones donde ya gobernamos y otras más.

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