El SAI y el secreto del voto

Enrique Márquez

 

Con la misma llegada de la automatización al proceso electoral venezolano comenzó a levantarse un fantasma que todavía asedia a muchos compatriotas. Se ha generado la idea que, con las…

Con la misma llegada de la automatización al proceso electoral venezolano comenzó a levantarse un fantasma que todavía asedia a muchos compatriotas. Se ha generado la idea que, con las máquinas de votación y las captahuellas, el CNE puede enterarse del contenido del voto de cada venezolano. Nada más equivocado.

Lo paradójico de este asunto es que este asunto fue generado por los errores de la misma oposición. En el año 2005 un controvertido hallazgo técnico, durante la auditoría del software de la máquina de votación, levantó una polvareda que acabó generando el masivo retiro de la oposición de las elecciones parlamentarias convocadas para el mes de Diciembre de ese año. Se especuló en aquel entonces que la combinación de la máquina de votación y la captahuella, permitían violar el secreto del voto del elector y que ese hecho viciaba totalmente la elección. Lo cierto es que el hallazgo técnico no se correspondió con el gran escándalo generado. En concreto, el equipo técnico de la unidad democrática, encontró que existía una muy lejana posibilidad de que, bajo ciertas condiciones, y luego de romper varias barreras electrónicas, el voto pudiese ser secuenciado en la máquina de votación. De inmediato, tanto el CNE como Smartmatic, se activaron y subsanaron la condición encontrada, eliminando, a satisfacción de nuestros equipos técnicos, esa posibilidad de secuenciación. Adicionalmente, y para tratar de bajar la presión abstencionista, la unidad democrática solicitó la eliminación de la captahuella en el proceso de votación. El CNE, con Jorge Rodríguez como Presidente, sorpresivamente aceptó nuestra solicitud y eliminó la captahuella. Debió ser suficiente para que la oposición participara, pero no lo fue, y con ello cometimos quizás el peor error en los años del gobierno chavista. Le entregamos la AN por completo a Hugo Chávez y alimentamos el fantasma de que el secreto del voto podía ser develado usando la captahuella.

En todas las elecciones subsiguientes se ha percibido que la duda permanece en un conjunto importante de electores y este hecho ha sido utilizado por el gobierno chavista para amedrentar y chantajear a los empleados públicos y a los beneficiarios de algún programa social del gobierno. De manera silenciosa, pero eficiente, ha fluido la amenaza de que el CNE, y por lo tanto el gobierno, puede enterarse de por quien ha votado cada elector y, en función de esto, las represalias no se harían esperar si no “votas por el comandante”. Cuantificar el efecto numérico real de esta amenaza es harto complicado, pero no debemos perderlo de vista a la hora de hacer un balance electoral de los últimos años. Es bueno destacar que la oposición democrática y sus equipos técnicos han evaluado, en todos los procesos electorales, toda la plataforma tecnológica del CNE, incluyendo los componentes asociados a garantizar el secreto del voto, pudiendo garantizar el adecuado funcionamiento de todo el sistema.

Estas amenazas esgrimidas por la burocracia oficial han sido reforzadas por la existencia de la llamada “Lista Tascón”, que implacablemente se ha venido usando como filtro para obtener empleo o cualquier beneficio del gobierno. Un segmento de la población, fruto de la desinformación, desconoce u olvida, el verdadero origen de esta lista. La “lista Tascón” fue construida usando la identidad de las personas que acudieron a firmar la solicitud de Referendo Revocatorio contra Hugo Chávez en el año 2004 y no tiene nada que ver con el voto ciudadano en ninguna elección. De hecho, no conocemos ningún caso de ningún elector que se le haya develado el secreto de su voto en ninguna elección. Ningún caso. El voto ha sido secreto en todas las elecciones previas.

Este año 2012 tenemos una elección presidencial, a la cual concurrimos con una gigantesca oportunidad de ofrecerle al país un mejor futuro de la mano de Henrique Capriles. El gobierno lo sabe. Está enterado de que su tiempo se le agotó y que sus promesas ya no generan esperanzas en el pueblo. Por eso recurre de nuevo, como lo ha venido haciendo consuetudinariamente, al amedrentamiento y al chantaje sobre los electores vinculados a la burocracia estatal y a las misiones. En esta oportunidad cuenta con un refuerzo: la implantación de una nueva tecnología en el proceso de votación, el sistema Sistema de Autenticación Integrado (SAI).

El SAI está constituido por un equipo similar a la captahuella, que funcionalmente está preparado para efectuar la identificación del elector y activar la máquina de votación, por lo que se encuentra físicamente conectado a la máquina de votación a través de una conexión cableada. La implantación de esta tecnología de identificación obliga al CNE a introducir cambios en el software de la máquina de votación, siendo el principal de ellos la incorporación de los datos de los electores a la memoria de la mencionada máquina. Este cambio, más el hecho de que la captahuella esté conectada a la máquina, ha revivido las dudas acerca de la inviolabilidad del secreto del voto en la mente de una parte de los electores. Lo peor: está siendo utilizado por el gobierno chavista como elemento de chantaje.

Desde el mismo momento en que se anunció la incorporación del SAI al sistema de votación, el equipo técnico del Comando Venezuela comenzó a trabajar en la revisión de cada uno de los detalles de equipamiento y programación del mismo y presentamos al CNE los protocolos sugeridos para su auditoría técnica. Actualmente las auditorías están en pleno desarrollo, pero ya hemos culminado la evaluación correspondiente a los módulos de programación asociados a la garantía de inviolabilidad del secreto del voto de cada elector. Sin ánimo de profundizar en los intrincados y muy especializados aspectos técnicos del asunto, es pertinente aportar a continuación algunos detalles al respecto.

1.       Cuando cada elector emite su voto, este se almacena en una memoria “temporal” dentro de la máquina de votación, la cual puede almacenar un máximo de cinco (5) votos. Cada vez que ingresa un nuevo voto a la memoria temporal se realiza un reordenamiento aleatorio de la misma y posteriormente se extrae un voto que va al archivo definitivo. Este voto, aleatoriamente seleccionado, que pasa a la memoria definitiva de la máquina de votación es registrado en archivos encriptados, sin relación con el orden de llegada de los electores.

2.       El voto almacenado en la memoria de la máquina está cifrado y NO contiene información del elector que emitió ese voto. Para más detalles, el archivo cifrado del voto contiene la siguiente información:

a.       Identificación del proceso electoral

b.      Identificación de la Máquina de votación

c.       Selección de candidato para cada cargo en la elección.

3.       Los registros de electores también se “mezclan”. Después de que el SAI autoriza al elector a votar su número de cédula entra en una memoria temporal, la cual almacena cinco (5) números de cédula. Cada vez que ingresa un nuevo número de cédula a la memoria temporal, esta se reordena aleatoriamente, se selecciona un número de cédula al azar y se envía al archivo definitivo. De esta manera, el registro del número de cédula se almacena en un archivo sin relación con el orden de llegada a la mesa de votación. Ni los votos ni los números de cédula están en secuencia, por lo que no hay posibilidad de relacionar los votos con los electores.

4.       El registro que contiene la cédula de identidad del elector NO almacena la información del voto emitido por tal elector.

5.       Es indispensable destacar que la clave de cifrado utilizada por el SAI para encriptar la información, es una clave dividida entre todos los partidos políticos y el CNE. Cada actor político tiene una porción de la clave.  De esta forma el CNE no tiene manera de leer los votos almacenados sin antes reunir cada uno de los trozos de la clave en manos de los partidos políticos.

Estos métodos y procedimientos han ido auditados y evaluados exhaustivamente por nuestros técnicos especialistas, tal y como se ha hecho en todas las elecciones anteriores, pudiendo nosotros garantizar que el voto en esta próxima elección presidencial es absolutamente secreto. Solo Dios y usted sabrán por quien se ha votado.

Resulta entonces imperativo que todos ayudemos a convencer a nuestros compatriotas de que nuestra elección presidencial puede ser libre y secreta. Esto es particularmente importante en el sector de empleados públicos y beneficiarios de las misiones, los cuales están bombardeados por la mentira y el chantaje oficial en esta materia. Debemos concurrir a las mesas electorales convencidos de que existe un futuro mejor y que podemos abordarlo sin ningún temor.

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