La crónica menor: Amuay

Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo

 

La tragedia de la explosión en el Complejo de la Refinería de Amuay estremece las fibras más sensibles de todos los venezolanos. Son tantas las muertes, muchas más de los que reportan las cifras oficiales, por boca de los propios habitantes de la Península que exigen una respuesta satisfactoria que no puede ser, simplemente, que son cosas que pueden suceder. Igualmente,  los heridos, damnificados y la población toda que sufre las angustias y penurias de una situación incierta, necesita respuestas esperanzadoras y reales que sirvan de bálsamo para seguir viviendo sin la espada de Damócles de una próxima catástrofe que puede ser evitada o minimizada.

Nuestra primera exigencia de solidaridad es la oración, la cercanía afectiva y efectiva, la colaboración que debería ser de todos, y no sesgada por la actitud miope de que sólo el gobierno sea el único protagonista que quiera sacarle partido político a una desgracia de la que es el primer responsable.

Se repiten con inusitada frecuencia los eventos en los que la muerte se hace presente sin que haya una respuesta contundente para ponerle coto. Son muchas las llamadas que recibimos en la Iglesia señalando la indignación por la falta de información veraz, por impedir que otros medios que no sean los oficiales se hagan presentes y por la respuesta cínica de algunas instituciones oficiales que deberían actuar “de oficio”, sin que se permita la colaboración de tantos entes capacitados para echar una mano con competencia y solidaridad. ¿Dónde está la Fiscalía que afirma no haber recibido ninguna denuncia de desaparecidos? ¿Dónde está la Defensoría del Pueblo que tiene la obligación primera de recoger las denuncias y reclamos de la gente para evaluarlos e investigarlos? ¿Dónde está la responsabilidad de la propia PDVSA que debería dedicarse a lo propio, el manejo de los hidrocarburos y no a otras actividades propias de otros entes?

¿Por qué no se permite el acceso a todos los medios de comunicación para que aporten sus puntos de vista plurales y ayuden así a determinar una verdad compleja? ¿No tienen una palabra y una acción que realizar instituciones nacionales y extranjeras, expertas en situaciones de emergencia, para que la gente común se sienta protegida en medio de la tragedia?

El primer llamado es a que todos ejerzamos positivamente la condición de ciudadanos y creyentes. La generosidad evangélica nos exige ir más allá del gesto material. En la vida hay que optar por caminos de paz y convivencia por el ejercicio de los derechos ciudadanos. Se eligen gobiernos no para que prometan el futuro sino para que construyan el presente. Obras son amores no buenas razones.

En nuestras manos está superar las situaciones apocalípticas, de fin de mundo, que nos quiere hacer ver que no hay más remedio que acostumbrarnos al miedo y a la mala vida. Basta ya de escenas dantescas como la de Amuay, la de las cárceles y la de ser mendigos de la generosidad populista. Es necesario trabajar para ser adultos, libres con sentido de fraternidad y justicia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s