Más sobre las máquinas

La semana pasada describimos la principal de todas las auditorías de las máquinas de votación, la del software, la del programa, protegido por una clave de seguridad alfanumérica construida en conjunto por el CNE, la empresa Smartmatic, el partido de gobierno, y los de la oposición, y cuya sola existencia demostraría que la tesis del fraude, la peregrina especie según la cual nada más y nada menos que ¡6 millones! de votos se inocularían subrepticiamente en ellas, es sólo un mito, una alucinación. Y enunciamos otras auditorías (de las ¡16! que en total se le hacen a todo el proceso comicial). Detengámonos un poco en ellas.

Está primero la auditoría de producción de las máquinas. Los representantes de las organizaciones con fines políticos, conjuntamente con los técnicos del CNE, verifican que las máquinas de votación se estén produciendo con los códigos certificados en la fase anterior. Es decir, que cada máquina tenga la identidad correcta y las funciones que fueron aprobadas en la auditoría del software.

De seguidas tenemos la auditoría pre-despacho.

Antes de enviar las máquinas a cada centro de votación del país, las organizaciones con fines políticos revisan nuevamente una muestra aleatoria del 1 por ciento de las máquinas. Las máquinas a auditar se escogen al azar y comienza la revisión con un simulacro de votación donde se comprueba que efectivamente están sumando y totalizando correctamente.

Por último, la auditoría de infraestructura. Para comprobar el ensamblaje de las máquinas, se le presenta a las organizaciones con fines políticos la plataforma tecnológica y la estructura de las mismas. Para ello, se desarma una máquina en presencia de los actores políticos a fin de observar sus componentes y asegurarse de que todos son necesarios para la elección y que no hay ningún elemento secundario que ejecute otras acciones que no estén acordes con el proceso electoral.

Pero la peregrina tesis del fraude que se perpetraría a través de estas “enigmáticas” máquinas de votación, en la que aún insisten algunos sectores de la oposición más radical (contra ella misma, dicho sea de paso), tiene un desmentido político antes que técnico: ¿no ha participado la oposición, y ganado, en numerosos procesos electorales con estas máquinas (y con este Registro Electoral)? Es algo que deberían explicar los tozudos que insisten en ella: ¿cómo fue que la oposición ganó en Petare, o en el Distrito Metropolitano de Caracas, o en Táchira, o recientemente en Anzoátegui, o recuperó Maracaibo, por sólo mencionar algunos espacios emblemáticos y sensibles para cualquier fuerza política, si es que el gobierno está en capacidad de trocar los resultados sacando los que quisiera de estas máquinas, como el conejo del sombrero del prestidigitador? Un poco de seriedad es la principal condición para el éxito de un proyecto político.

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