Mercosur (II)

Enrique Ochoa Antich

 

Abunda por allí el argumento según el cual Venezuela no se encuentra preparada para competir adecuadamente con sus productos con las economías del Mercosur. De allí se deduce, en lo que a mi modo de ver es una falacia, que esa integración es inconveniente y que no debería tener lugar.

Si vemos bien el razonamiento aludido, se trata de un círculo vicioso que no nos lleva a ninguna parte: no estamos en condiciones de competir en Mercosur porque no tenemos una economía exportadora y a la vez no tenemos una economía exportadora porque no nos insertamos en los mercados internacionales, y así ad infinitum. Cuando más bien debería tratarse de sustituir este círculo vicioso conceptual por el círculo virtuoso búsqueda de mercados internacionales/desarrollo de nuestras fuerzas productivas/conquista de mayores mercados/mayor desarrollo de nuestras fuerzas productivas/etc. Nadie aprende a nadar si no se mete en la piscina.

Si es verdad que debe ser vista con cuidado la debilidad de nuestro aparato productivo debido a excesivas medidas estatistas y de control, la alternativa no puede ser excluirnos de los procesos de integración sino aprovecharlos para enderezar lo torcido. Lo contrario sería como matar al paciente para acabar con su enfermedad.

Acaso el mayor error de política económica de nuestro siglo XX venezolano y latinoamericano, en particular instrumentado en las décadas de los 60 y los 70, fue el llamado plan de sustitución de importaciones de inspiración cepalista. Encadenamos nuestra economía hacia adentro, es decir, hacia el mercado interno, pequeño en su dimensión, que por esta razón fue copado rápidamente por pocas unidades de producción, lo que naturalmente impidió el desarrollo impetuoso de nuestras fuerzas productivas (excepción hecha del petróleo, justamente volcado a los mercados internacionales). En ese mismo tiempo, algunos países del Tercer Mundo como Corea del Sur hicieron exactamente lo contrario: se convirtieron en países exportadores no produciendo lo que el mercado interno les demandaba sino lo que estaban en ventaja comparativa de vender a otros países. Y es lo que en las últimas dos décadas han hecho países como Chile y Brasil, colocándose así a las puertas del desarrollo. Desde que en los 80 tuve en mis manos aquel libro del IESA titulado Venezuela: una ilusión de armonía, en particular los trabajos de Naím y Piñango allí publicados, me quedó claro y así lo escribí y publiqué en artículos, documentos y libros, que si no volvíamos la vista como nación más allá de nuestras fronteras, sería imposible desarrollar nuestras fuerzas productivas, sin lo cual no habría ni capitalismo ni socialismo sino sólo pre-capitalismo y subdesarrollo.

Es por esta razón que, en lo personal, observo con entusiasmo (moderado, tal vez, pero entusiasmo) que Venezuela se incorpore a Mercosur, con los ritmos del caso, protegiendo lo que deba ser protegido (según hacen EEUU y Europa). Como siempre, todo depende de que las cosas se hagan bien, claro. Pero si así se hacen, será una nueva oportunidad para la profundización de los desarrollos democráticos y económicos que Venezuela requiere.

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