Primarias, Pablo, Presidente

Enrique Ochoa Antich

 

Lo primero es ratificar nuestro indubitable compromiso unitario. Quienes votaremos el 12, militantes del cambio democrático, el 13 tendremos un solo candidato presidencial, no importa que lo sea quien no contó con nuestro respaldo hasta ese día. Es lo hermoso y noble de este proceso. Si nuestro propósito es reunificar al país todo, y reencontrarnos en la diversidad con esa porción de pueblo que está del lado del candidato del gobierno; si estamos íntimamente convencidos de que sólo así, unidos todos, como lo hicimos para darnos la independencia y luego la democracia, podremos ganarnos el derecho que tenemos al desarrollo con libertad y con justicia social, entonces debemos asegurar esta unidad previa a la unidad nacional: la unidad de la oposición democrática.

Pero las primarias son, naturalmente, para contrastar opiniones, sin desmeritar, claro, las de quienes no estén de acuerdo con nosotros. Es el ejemplo que hemos dado, que estamos dando al país y al mundo. Es la lección que propinamos al autócrata, al déspota violento e intolerante. Es el paradigma que han encarnado con inmensa dignidad y mucha altura los precandidatos que concurren al evento electoral del próximo domingo.

De modo que cada quien tiene sus razones para decidir su voto en las primarias. Creo no equivocarme si digo que en última instancia, lo que la oposición busca es a quien pueda colocarse en mejores condiciones frente al adversario formidable que es Chávez, pertrechado del partidoEstado petrolero y carente de todo escrúpulo y, reconozcámoslo, apoderado de un discurso de reivindicación social que apela a los más recónditos instintos de la condición humana, en particular de los más pobres. Es tarea nuestra y de más nadie conjurar el peligro de elegir el 12 sólo a quien más nos guste, a quien más se parezca entonces al activismo opositor, perdiendo la perspectiva de escoger más bien a quien ponga la pelota más lejos en el campo del chavismo, a quien pueda entenderse mejor con ese 10 ó 15 % de chavistas desencantados con la deplorable gestión del gobierno y con el patológico reeleccionismo del autócrata pero que miran aún con desconfianza hacia la oposición.

Por eso la tarea consiste en desmontar la ecuación polarizante chavista: conservación y cambio, imperialistas y patriotas, izquierdas y derechas, y, básicamente, ricos y pobres. Esta última: la polarización clasista, la contradicción social, es el fundamento de toda la ecuación chavista. Ya lo dijo el famoso Manifiesto: patricios y plebeyos, señores feudales y siervos, burgueses y proletarios. Es la razón principal ­además de sus atributos como gerente­ por la que respaldamos a Pablo Pérez: porque dificulta más, obstruye mejor la eficacia de esa ecuación de ricos y pobres, oligarcas y pueblo con la que Chávez y los suyos pretenden eternizarse en el poder. No sólo por su talante popular sino por su pensamiento y discurso emparentado existencialmente con la democracia social. Porque encarna el cambio popular, Pablo Pérez es el que puede ganarle mejor a Chávez.

Pablo entonces, ése al que muchos llaman Pablo Pueblo, para que ganemos el 7 de octubre y para que el 8 tengamos Presidente. (Fuente: Diario Tal Cual)

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